Pega, estoy pegando

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Francisco “El Tripa”, era un personaje bizarro de la clase media caraqueña, de gustos culturales basados en un estricto criterio de selección, pero como le encantaba eso del cambimbear* popular. Un cometa fugaz que regaba buena vibra por doquier. Un iluminado, querido y apreciado por hippies, artesanos y señoras encopetadas, cualquier domingo por los alrededores de la Plaza Morelos, compartía con el loco Molière y andando pocos metros se derretía entre abrazos y cercanías con María Teresa Castillo, Carmen Ramia o Sofía Imber, era la personificación de Hefesto.

Nuestras tertulias frecuentemente giraban en torno a la música, cine, literatura y a pesar, de mis precariedades culturales, me tenía alta estima y respetaba mis opiniones. Reconozco, que no en pocas ocasiones me quedaba corto en mis apreciaciones, es que “El Tripa” tenía mucha calle recorrida, era de la Urbanización el Marqués pero en su itinerario, él fluía con holgura entre contextos tan antagónicos, pateaba desde la calle Zulia de la Vega hasta Trafalgar Square, era el arquetipo del explorador, rumió un tiempo por Valladolid, al regresar a Caracas trajo consigo todo un catálogo de bandas hispanas, Saratoga, Duncan Dhu (por cierto, el vocalista nació en Caracas), Radio Futura, Siniestro Total… Pero también se colaron trovadores de mayor talante poético como Joaquín Sabina, Víctor Manuel, Pedro Guerra o Manolo García García, es que en esos albores, España estaba otra vez de moda, además de su música.

Era cosa común sus festivales de cine y sus quehaceres, y “El Tripa” siempre andaba a la vanguardia de estas movidas. No se perdía un concierto y así lo vi en el reencuentro del “Trabuco Venezolano”, en el Aula Magna de la UCV, en la psicodélica presentación de “Quinto Combo” en la Sala de Arte Cadafe, en la rocambolesca primera visita de Charly García en Mata de Coco, toparnos a menudo, en el extrañable “Julius Pub” de Chacaíto pero la que no me saco de la cabeza fue aquella fría noche de plenilunio con la puesta en escena de la irreverente compañía de Teatro Nacional Juvenil de Carlos Giménez y Pilar Romero, en el sótano de la torre este del Parque Central, esa oscuridad era una vaina demencial, una mezcla de Max Factory, CBGB, el Oráculo de Delfos y la montaña de Sorte, por una grieta de la luna, bajaban los espíritus de las 7 potencias, la corte malandra, Antonin Artaud, Rimbaud, Lord Byron, Sade, ninfas y Dioniso.

Me cruzaron imágenes de una bruma difusa y de repente, un par de actrices girando en torno a un tablero a escala humana, mientras una envolvía el cuerpo de la otra con cinta de embalaje, se increpaban mutuamente en un lacónico y seco parlamento, “Pega… Estoy pegando… Pega” ese era el ritual, y se marcharon por un hueco, todo un teatro de lo absurdo. Pasaron pocos minutos, cuando surgió un sonido a fábrica, un ritmo industrial, era “La Muy Bestia Pop”, realismo mágico en un lenguaje no verbal, y a partir de allí, todo fue paroxismo violento, histeria evangélica en un botiquín. No recuerdo más, solo sé, que esa fue la última vez que lo vi. Tiempo después, recuerdo una lluviosa noche, leía y reflexionaba sobre el enigmático comportamiento del borracho en el “Principito” en ese instante sonó el teléfono, la voz en off me dio la noticia, Francisco se había lanzado por la ventana, él nunca supo lidiar con su soledad.

Le Petit Prince

A partir de allí, cada cierto tiempo que regreso a ese cuento clásico, el borracho tiene rostro conocido, aun así, mi pasaje favorito es aquel cuando el niño rubio de capa roja, se detiene a contemplar las idas y venidas de aquellos trenes atiborrados de gente, siempre suspiramos al unísono, no es una idea, es una sensación, ya más adulto le encontré palabras en el arte de Juan Carlos Baglietto y no se despegan de mi febril imaginación, Francisco, el borracho y los trenes, en la estrofa, “No se paren, no se maten, solo es una forma más de demorarse”.

Quien quiera ver el vídeo de La Muy Bestia Pop que pulse sobre el play de la foto principal.

Tripa: en una época determinada para algunas tribus urbanas juveniles caraqueñas, el término tripa significaba lo que aquí en España llamaríamos "cojonudo", "la hostia" o incluso "la caña".
Cambimbiar: en español venezolano, vaguear.

Músicas:
 . Tiburón, Lapamariposa
 . La mala hora, Radio Futura.
 . La Llave, La muy bestia pop.
 . El Témpano, Juan Carlos Baglietto

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