Pintura

La España Negra

14 junio 2021

De Goya a Solana (1)

Una mañana de 1903 la población de Fuendetodos estaba revolucionada, había llegado a la localidad un vehículo que no estaba tirado por caballerías. Se trataba por supuesto del primer automóvil que pisaba el lugar. Lo conducía un tipo con bigote y a pesar de llevar boina lucía un aspecto de señorito de buena familia. Le acompañaba de un amigo de Zaragoza capital e iban preguntando cual era la casa natal de un tal Francisco José Goya.

Nadie supo darles razón. Solo unos pocos habían oído hablar de ese tal Francisco, pero es que estos capitalinos preguntaban por alguien que había marchado del pueblo hacía unos ciento cincuenta años.

Los foráneos eran un tal Ignacio Zuloaga, pintor de profesión y su amigo el zaragozano José Valenzuela. Para ponernos en contexto esto sucedía el mismo año en que Munch pinto su famoso «Grito».

No fue hasta 1913 cuando localizaron la casa, que Zuloaga compró, como presidente de la fundación para la memoria de Goya, sin ningún apoyo de las instituciones aragonesas, para qué, y en la que se fundó una escuela para niñas.

No voy a contaros el ignominioso comportamiento que a lo largo de la historia han tenido los estamentos oficiales de esta tierra Diputaciones, Ayuntamientos, etc. con la figura del más ilustre pintor que esta y otras muchas tierras han dado, me pone de mala leche, así que me ceñiré a lo mío, la pintura, como esa obra de Goya «Hombre buscando pulgas en su camisa«.

Pintura de un trazo tan rotundo que bien podía atribuirse a cualquier expresionista, al igual que este siguiente cuadro, «El Lazarillo de Tormes».

Tradicionalmente se había identificado esta obra como la «Curación del garrotillo«, nombre con el que se conocía la difteria, y que se creía podía curarse cauterizando la garganta. Pero la mención a la novela picaresca en el inventario de bienes de Goya corrigió la interpretación de la escena.

En un interior oscuro, alumbrado por las llamas de un fuego, encontramos a un hombre de aspecto descuidado y a un muchacho vestido con harapos y medio desnudo. El hombre, con los ojos cerrados, ha atrapado al muchacho entre sus piernas y mientras le sujeta fuertemente la cabeza con la mano introduce sus dedos en la garganta. El chico refleja en el gesto de ojos entornados la incomodidad de la situación. La imagen se corresponde con el episodio de la novela en que el ciego olfatea la boca del pícaro lazarillo para saber si se ha comido la longaniza.

Los personajes están representados con realismo, detallando sus atuendos pobres. Denuncia no solo de la pobreza del pueblo sino de la situación propia de esa España a la que nos referimos como negra. Pero el tema también es propicio para incluir ciertas dosis de comicidad e ironía, de la que es maestros don Francisco.

Ignacio de Zuloaga considerado el más profundo conocedor de Goya, al igual que de El Greco al que sacó del olvido, se enamoró de sus pinturas en Burdeos, ciudad en la que terminó sus días como exiliado el de Fuendetodos, al igual que lo estuvo Zuloaga como consecuencia de la guerra carlista. Se entusiasmó principalmente con ese Goya capaz de reflejar esa sordidez de la España que le tocó vivir con el nefando reinado de Fernando VII en unos cuadros llenos de ironía y mordacidad hasta en el título y del que a menudo me acuerdo cuando veo las publicaciones de El Roto de nuestros días.

Zuloaga también presenta esa España trágica del 98 si bien dentro de una estética más serena que la de Goya, esa España sumida en la pobreza económica y social, con el orgullo roto por la definitiva perdida de las colonias, dominada y cacicada por una Iglesia que impera a sus anchas y somete a ese pueblo más pobre a seguir en la ignorancia y en una forma de vida que ya había desaparecido de Europa hacía años. Que el de Eibar tan bien captó en este retrato del Cardenal.

Fijémonos en la altivez del cardenal como dominador de Sepúlveda, que aparece al fondo, la sumisión del joven capellán, todo ello reforzado por la impertinencia con la que el prelado sujeta los anteojos y que se aprecia mejor en el detalle de la mano.

Zuloaga recorrió España reflejando en sus cuadernos de viaje innumerables personajes y situaciones de esa España que tanto dolía y sigue doliendo, iniciando con esos viajes documentados la tradición que continuaron artistas como Regoyos o Gutiérrez Solana, de los que hablaremos en la segunda parte de la España Negra que esto ya se está haciendo muy largo. 

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