La Candelaria

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    Me encanta caminar y escudriñar entre las ramas del pasado, andar a través de callejones y los vericuetos de Caracas, oler las paredes, leer las toponimias del casco histórico, porque ellas están plagadas de encantadoras huellas humanas, son un festín de breves historias coloniales y republicanas, que reflejan las dinámicas de una ruda ciudad envuelta en la tragicomedia. Una pléyade de personajes paseando entre los linderos de una rica imaginación citadina. Cada esquina, es una cuenta cuentos, son como páginas de un libro abierto, que relatan las costumbres, mitos y leyendas de un valle de asfalto, alguna vez de techos rojos y paredes blancas, es que, en cada espacio de la Sultana del Ávila, encontramos una evocación de su origen.

    Sin embargo, el sentido de este relato, me constriñe a centrarme en La Candelaria, una de las 22 parroquias* del Municipio Libertador de la Gran Caracas, esta tradicional comunidad se fundó en la época colonial un 25 de agosto de 1750, por inmigrantes procedentes en su mayoría de las Islas Canarias. Además de canarios, a lo largo del siglo XIX y XX se asentaron allí, inmigrantes gallegos, vascos y portugueses, añejando con el tiempo un sincretismo cultural hispano venezolano. El epónimo de la parroquia proviene de la Virgen patrona del archipiélago español.

    Esta localidad primordialmente residencial, posee también una interesante sinergia de bienes y servicios muy diversos, pero solo mencionaré en este artículo aquellos cercanos a mis particulares intereses, omitiendo con descaro y sin pudor algunos sitios tabú como templos, iglesias, sedes de partidos políticos, estaciones de policías, centros comerciales y todo espacio de reunión de dogmáticos, chismosos y habladores de pistoladas* que frecuentemente pululan por la plaza, aún así, el maná que buscaba siempre lo hallé en esos linderos, el Museo de Bellas Artes, el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, el Museo de los Niños, la Galería de Arte Nacional, el Teatro Teresa Carreño, la Cinemateca Nacional, el Ateneo de Caracas, el Café Rajatabla, espacios a los que le he dedicado gran parte de mi vida.

    De la misma forma, me hice asiduo en visitar la plaza La Candelaria, solar en el cual, muchos inmigrantes solitarios o de avanzada de edad acuden aún hoy, en búsqueda de sosiego, pero en mi caso, recién salía de mi adolescencia por allá a finales de los 80 e inicio de los 90, me convertí en un feligrés del club de ajedrez ubicado en la zona sur de la plaza, allí conocí a una fauna tan variopinta….

    Como olvidar al “químico”, aquel viejo canario, afable, culto que siempre vestía impecablemente, luego de cada match, siempre conversábamos largo y tendido sobre historia, geografía, arte y por supuesto, ajedrez, a pesar de existir una diferencia como de 50 años de edad entre ambos, éramos amigos, cuanto me dolió su partida, a veces me visita en sueños. También extraño al maestro “cuchillo” que capacidad táctica tenía, era invencible, el amable señor Materán era tan viejito que se quedaba dormido en las partidas, Sánchez, tan jocoso y embustero, el maestro Pineda tramposo y alocado, también era asiduo al club, el padre del Gran Maestro Internacional Eduardo Iturrizaga quien obtuvo la nacionalidad ibérica y es el actual Campeón de España, de hecho, recuerdo que Eduardo siendo niño ya era el rock star del lugar, todos son imprescindibles en mi memoria.

    A mi pasión por el juego ciencia, nacía paralelamente mi comunión con lo sórdido y la noche, el encanto hacia la cultura de bares y La Candelaria ha sido por antonomasia el epicentro de restaurantes, tascas, bares y tugurios de la comunidad española en centro de la ciudad. Poco o nunca disfruté de esos suntuosos locales como El Quijote, La Cita, Casa Farruco, Urrutia o Casa Bermeo, lo mío eran los ambientes de las personas de a pie, esos que recordaban los cuchitriles de los bucaneros del Caribe, espacios de bochinches y rochelas*.

En la esquina de Teñidero, sigue existiendo El Nido Español, añorado local donde, entre otros conocí al bribón de Nene Bustamante, hijo de Fernando Bustamante, quien conduciendo un Essex, atropelló de muerte al Santo beatificado de Venezuela, José Gregorio Hernández en la Pastora, el 29 de junio de 1919, por cierto, siempre se comentaba en el bar a ”sotto voce”, que el Nene aún conservaba el vehículo en la cochera de su casa y todos  sábados lo encendía como un ritual familiar. Al frente del Nido aún está El Vigo, un peculiar bar con forma y decorado similar a un ataúd, encantador lugar, idóneo para las tertulias sobre filosofía, magia, galaxias y duendes.

Tres cuadras al oeste, en la esquina de Socorro, está el Terepaima Panty’s Club, descender por esas escaleras era como sumergirse dentro de una gruta hasta el averno, solo citaré a dos personajes, el barman un portugués de piel azul y dientes amarillos, con un aire al actor Klaus Kinski personificando al “Nosferatu” de Werner Herzog y a la malhumorada mesera, manca del brazo izquierdo quien intimidaba solo al verla acercarse a la mesa.

    En otro extremo de la parroquia, quedaba el bar Boa Vista, allí conocí al chino Tony barman y administrador del mismo, con quien acostumbraba a jugar ajedrez en la barra y entre partidas y cervezas, partidas y charlas y más partida, creamos un vínculo de amistad, en una de esas noches solo hubo pláticas y cervezas se abrió a confesarme su cuento chino de vida, era venezolano de pura cepa pero su fenotipo decía lo contrario, en la escuela todos los compañeros lo llamaban “chino” hasta las maestras por cariño así lo mentaban, y era público y notorio su enojo, mientras más se sonrojaba de ira más le decían “miren se puso como plancha e chino” generando el jaleo y las carcajadas, con la mayoría de edad, decide buscarse un país desarrollado, con costumbres “civilizadas”, se instaló en Canadá, pero alguna experiencia muy desagradable vivió allí, a tal extremo que intentó quitarse la vida, sin rumbo y desesperado, decidió viajar a China, buscando encontrase a sí mismo en la tierra de sus ancestros, pero sus tormentos aun estaba lejos de concluir, porque al llegar al pueblo de sus padres, fue cruelmente discriminado como nunca antes, era tildado de forastero, siendo blanco de burlas por su precaria pronunciación y su desconocimiento de las costumbres locales, harto de tanto sufrimiento, paró de sufrir, regresó a Venezuela con el rabo entre las piernas, se puso a trabajar en el restaurante del papá, conoció a una venezolana, se casó y hasta aprendió a bailar salsa casino, me confesó que no era feliz pero que le importa un bledo, salía a trotar todas las mañanas y hasta fanático de los Tiburones La Guaira se hizo.

Un día, caminaba por estas calles y vi que el Boa Vista se había transformado en un concesionario de motos, al chino Tony jamás lo volví a ver, pues así de bruscos son los cambios del perfil de la ciudad. Al final, la Candelaria más que un lugar, siempre ha sido un compendio de personajes, parafraseando a Carlos Varela en la canción Jaque Mate, el Químico, Materán, Sánchez, Pineda, Eduardo, Bustamante, José Gregorio Hernández, el barman, Klaus Kinski, la mesera manca, el chino Tony son piezas que flotan en un ajedrez, sin saber qué hacer.

*Parroquia: su equivalente en el español de España sería barrio.
*Rochelas y bochinche: palabras sinónimas que vienen a indicar situación confusa y desordenada, en especial si va acompañada de ruido, voces y alboroto.
*Pistoladas: tonterías.

Pulsando sobre el botón play de la primera imagen podréis ver un vídeo sobre esta parroquia de Caracas, La Candelaria.

Canciones por orden de aparición:
  .Como llora una estrella, José Sevillano.
  .Vals Venezolano nº3 por Ana Vidovic, de Antonio Lauro.
  .Jaque Mate 1916, Carlos Varela.

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