En el árbol está escrito

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Así perezca la memoria de nuestro amor
Así perezca la memoria de nuestro amor

En el árbol está escrito

mi alocado destino.

Con mis ensangrentadas uñas

trataré de arrancar las palabras

talladas en su rugoso tronco.

Las grabaré en la memoria de mi alma 

donde jamás nadie pueda leerlas.

Yaceré junto al árbol que guarda mi secreto,

permaneceré a su lado cual digna dama

sin que la infamia llegue a mancillar mi memoria

pues yo amé, amé con el corazón encogido,

pues amarlo no me era permitido.

Su sangre me lo impedía,

la dorada hojarasca del bosque, lo prohibía.

¡Qué injusticia la mía!

Las letras de amor fueron escritas por él,

el tronco del árbol fue elegido por mí, 

mas fue el fatal destino el que nos desairó

bajo el dedo acusador de unos ojos invisibles,

ocultos en la espesura del confín de la gruta

cuando me amabas, cuando te amaba.

Hoy rapté tus versos de amor porque son míos

pese a los celos de la Naturaleza,

pese a la sangre que nutre el fruto de tu falso amor con ella.

Yo me nutro del recuerdo de ti, en medio del silencio.

¿Qué será de mí cuando las estrellas dejen de brillar en el firmamento?

¿Dónde estaré cuando el árbol muera?

Acaso flotando en la nada, entre estrofas perdidas

sin rumbo, sin amor ni odio: vacío, absoluto vacío.

Haré del vacío el más bello de mis vestidos,

ocultará mi cuerpo desde mis senos hasta mis pies,

mi corazón cobijará en la soledad de la arboleda

y tú, me contemplarás sin poder hablar,

sin poder gritar pues con hojas muertas

sellarán tus arrepentidos labios.

Sarilis Montoro.

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