Medio Ambiente

Desarrollo y Biosfera

25 marzo 2021

Este escrito pretende ser continuación del anterior Hombre y Biosfera. Después de hablar de la naturaleza y el papel del hombre en ella, en éste hablaremos de la situación actual, economía, desarrollo humano, desarrollo sostenible o sostenido y llegaremos a algunas conclusiones.

La naturaleza, con el Hombre o sin él, tiene unos ritmos caracterizados como se ha dicho por factores propios diferentes para cada lugar y cada tiempo. Se rige por ciclos con cambios ligeros y continuos, y con otros explosivos, severos y muy enérgicos. Siempre ha sido así, cierto que no siempre a la misma velocidad.  Un huracán, la erupción de un volcán o una inundación son fenómenos atmosféricos o geológicos habituales, que en sí mismos no son ni buenos ni malos. Acordémonos siempre; “El maniqueísmo no existe en la naturaleza, no hay naturaleza buena o naturaleza mala. La naturaleza no es catastrófica«. La naturaleza es capaz de destruir sí, pero también es un factor de cambio cualitativo dando puerta a especies más adaptadas o adaptables. Un fenómeno natural, cualquiera, se transforma en catástrofe solo cuando irrumpe en el entorno humano y provoca destrucción. El hombre tiene una tendencia innata a culpar al mensajero de las catástrofes. Cualquier evento atmosférico ocurrido en la otra punta del globo se convierte en noticia mundial. Como si antes no ocurrieran. De la misma manera que el termómetro no tiene la culpa de la fiebre, la lluvia tampoco de las inundaciones. Que la Humanidad ha aprendido siempre con el método de prueba y error no implica que ese error haya de ser cometido hasta la saciedad. Lo que no es comprensible es que soluciones aprendidas de muy antiguo como no construir en el dominio del agua se obvien por intereses a veces espurios. El agua, pronto o tarde, se cobrará su precio. Todo ello es trasladable a cualquier suceso climatológico. Cualquiera se puede, si no suprimir, sí minimizar. Tenemos, así mismo, tendencia a pensar que las mal llamadas catástrofes naturales están aumentando. En efecto, el entorno humano, lejos de disminuir desde la revolución verde, ha aumentado, ocupando en la actualidad con bienes inmuebles lo que antes eran simples cultivos y por lo tanto susceptibles de ser destruidos por la naturaleza. Cualquier suceso natural, por simple que sea cada vez provoca mayor interacción con el entorno humano. La historia del hombre demuestra que todas las civilizaciones han intentado dominar su entorno, pero sin despreciar en absoluto los eventos climáticos, muy al contrario, intentando hacer del cambio un aliado.

Pongo por ejemplo la civilización egipcia. Inundaciones periódicas del Nilo ¿catástrofe u oportunidad de desarrollo?

Podríamos hablar de muchos más ejemplos. Vida en las inmediaciones de un volcán ¿riesgo de morir abrasado o tierras ricas para el cultivo por las cenizas vertidas por éste? ¿El mar es fuente de temporales y muerte o de alimento? Que se lo digan a los pescadores que guardaban los aperos a su orilla, pero cuando construían su vivienda lo hacían en lo alto de los promontorios o a 5 km de la costa. Nuestros ancestros tribales ¿eran tontos por construir sus poblados en colinas cercanas al río pudiendo vivir en su orilla y así ahorrar tiempo y esfuerzo en aprovisionarse de ese agua o sabían que periódicamente ese río cobraba fuerza y arramblaba con todo lo que se pusiera por delante? Hoy en día, ese río, ese mar, esa rambla, ese volcán sigue cobrándose periódicamente su parte, pero oh, ahora encuentra viviendas, apartamentos en la costa y todo tipo de construcciones humanas a su paso. ¿Qué nos ha ocurrido?

Sí, tal y como veíamos en el artículo anterior, el aumento del CO2 atmosférico, así como la temperatura media supone un factor positivo a la hora de la generación de biomasa, ¿qué estamos haciendo, qué tipo de civilización estamos desarrollando para convertirlo en factor negativo e incluso catastrófico?

La tierra, parece, se está rejuveneciendo, ya que se están dando condiciones para una mayor velocidad de los procesos que conducen a la vida. ¿Debemos luchar contra estos procesos o bien adaptar el desarrollo y la propia existencia y entorno humano para propiciarlos? ¿Debemos inyectar CO2 en el subsuelo o por el contrario restituir la masa forestal con toda su biodiversidad? ¿Debemos actuar para impedir que la tierra se caliente, o por el contrario debemos adaptar nuestro entorno vital sea habitacional o productivo a los procesos que naturalmente o no se realizan en ella aunque estos sean potencialmente traumáticos, tal y como se ha hecho durante milenios? ¿debemos canalizar el agua dulce para que fluya rápidamente y “sin traumas” humanos hacia el mar o por el contrario debemos alargar en la medida de lo posible su estancia en la tierra tal y como habitualmente hace la naturaleza aunque esto suponga restituir humedales o construir barreras practicables para la fauna y adaptar nuestro entorno vital a esos cambios?

No es ajeno a estos dilemas el sistema económico en el que nos movemos. En efecto, el desprecio por la naturaleza, la depredación de los recursos naturales hasta acabar con ellos al precio que sea no ha existido desde siempre. Suelo poner por ejemplo que en nuestros pueblos no ha ocurrido nunca que un palacio o una iglesia haya sido arrasado por un evento meteorológico. Normalmente están construidos a salvo de ellos, en lugares altos, donde el agua fluye libremente. Quiero hacer hincapié en que a los pobres siempre les llueven tortas. La situación económica de la población es factor determinante para la afección de los elementos en ella. Parece como si fuera un “precio a pagar” para mantener el status de otros. La depredación del medio natural hasta acabar con él, confundiendo precio con valor en aras al beneficio de la producción de alimentos u otros productos como los derivados de la madera y un sinfín de otros productos de consumo están acabando con unos recursos que se habían mantenido estables desde hace milenios en solo unas décadas o siglos. El “mercado” no perdona. La rentabilidad y competitividad de lo efímero e inmediato es el modus operandi de este sistema. No hay posibilidad de adaptación a formas de producción sostenibles mientras la rentabilidad y competencia en el mercado sean el ABC del sistema.

Que nadie piense que es por casualidad que se quieran ocultar los desmanes de esta civilización que nos ha tocado vivir cargando las culpas al cambio climático como si fuera un Leviatán amenazante. La mejor manera de minimizar los efectos de un cañón no es construir muros sino impedir que dispare. Alguien ha visto negocio en la lucha contra el cambio climático y propone vender paños calientes, cuando la verdadera lucha consiste primero en no culpabilizar al hombre de lo que en realidad es víctima y segundo en cambiar un sistema productivo depredador y generador de destrucción. Si le preguntamos al león qué tipo de ley impondríamos, la respuesta va implícita, la de la selva. Preguntémonos a nosotros mismos.

Si somos capaces de aplicar la ciencia a toda nuestra relación con la naturaleza, con Gea, ésta nos devolverá con creces todo lo que le aportemos, no olvidando que también nosotros somos naturaleza. Para bien o para mal la inteligencia que tenemos ha nacido en ella y de ella. Esa inteligencia forma parte de la naturaleza como el canto de los pájaros, como el rumor de la lluvia. ¿Quién puede sustraérsela? ¿El sistema en el que vivimos? Pues ya sabéis lo que toca.

Realmente, ¿No estaremos siendo objeto de una monumental mentira o, más bien, tergiversación de los hechos para ocultar otro mucho más grave como es la insostenibilidad del sistema económico actual? Un sistema depredatorio en el que no importa el legado que se pueda dejar a futuras generaciones ni las fuentes de energía futuras. He ahí el verdadero problema, la destrucción total del futuro en aras de la acumulación de bienes materiales y poder.

Y para terminar, ahí os dejo una maravillosa poesía de un colega, León Felipe que resume mucho mejor que yo todo lo que aquí se ha dicho.

SÉ TODOS LOS CUENTOS

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

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