“Ches” Burguer

El otro día vi un anuncio que me llamó la atención, uno de una conocida marca de comida rápida en el que tratan la relación de padres e hijos. Esos segundos televisivos me hicieron reflexionar y acordarme de mi padre.  

Recuerdo verle estudiar cuando de bien pequeño yo me iba a la cama; se compró un flexo, igual que esos plateados que salen en las pelis de policías y que usan en los interrogatorios. Nunca se conformó con lo que era, pertenece a esa generación en la que el éxito profesional está en la cima de la pirámide de prioridades. Con menos recursos que otros, derribó puertas no destinadas a él. 

Siento orgullo cuando me dicen que me parezco a él en muchas cosas, y aunque a veces nos guste ser originales… nos parecemos tanto que hasta nos llamamos igual. Salió de su casa con la intención de darnos todas las posibilidades que tal vez él no tuvo, ya que perdió a su padre de muy joven, y aunque en ese momento no lo entendimos, viéndolo con perspectiva fue una decisión que nos abrió miles de puertas y posibilidades, si pudiera volver a 1987 en forma de pensamiento en sus noches de dudas y reflexión, le diría… hazlo. 

Nunca dejó que olvidáramos nuestras raíces, y se encargó de que no dejáramos atrás nuestro pueblo, nuestras costumbres, nuestra gente; pero también que aprendiéramos aquellas del lugar donde nos destinaban, así ha conseguido que nos sintamos tan alagoneros como se siente él, pero a la vez calandinos, illuecanos, fragatinos y zaragozanos. Estoy seguro que, aunque no exterioriza mucho sus emociones, celebra con intensa intimidad cada uno de nuestros éxitos y sufre con nuestras cavilaciones. Casi siempre tiene razón, y cuando no la tiene, también; creo que eso también lo he heredado de él.  

Todavía hoy aprendo mucho de él, y mi admiración se mantiene intacta a pesar del paso de los años. Tengo clavado en la memoria su olor a recién afeitado por el beso que nos daba antes de irse a trabajar mientras apurábamos los últimos minutos de sueño; en ese momento sabía que todo mi mundo estaba bien.  

Ha hecho cosas muy importantes, le vendió unas maletas a Valdano*, Javier Solana le regaló un libro, ha cantado con los Tres Sudamericanos, salvó la cabeza de Mark Davis en el huevo**, ganó un campeonato de barra aragonesa y me cuenta que una vez se coló en La Romareda para ver jugar a los Magníficos. De joven fue alero anotador (o eso dice él) y de un poco menos joven, central, yo creo que por la altura. Me encantaba verlo subido en su Simca 1200 con el techo negro, y que nos llevara a todos esos sitios tan divertidos, aunque lo que en verdad me hubiese gustado es ir con él a las fiestas de los pueblos en su 600. 

Creo que una de las cosas que he aprendido de él es a querer, ver cómo quiere a los demás, los cuida o hace todo lo que está en su mano por ellos, en especial por mi madre, pero también por sus hijos, sobrinos o amigos. Todo lo naturaliza, lo normaliza, no hay empresa difícil ni reto imposible, como dice mi madre, nos hace todo fácil. 

¿Y sabéis qué?  Me he dado cuenta escribiendo esto que nuestros padres son únicos. Los que todavía podáis, corred y decirles cuanto los queréis, darles un abrazo, iros a comer con él, contarle vuestras cosas… nunca sabemos cuándo puede ser el último y desgraciadamente no son eternos. Yo, voy a llamar al mío.

* Mi padre trabajó en El Corte Inglés a principios de los 80 en el departamento de maletas y atendió a Valdano que compró maletas para la concentración del Mundial 82.
** En un partido en "El Huevo" (Palacio de los deportes de Zaragoza), CAI Zaragoza - Baskonia fuimos a pie de grada, Mark Davis se lanzó a salvar un balón en nuestra zona y mi padre, para evitar que chocara con las sillas, lo agarró.

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