Pintura

La ronda de noche

18 febrero 2025

He recibido, que alegría, la petición de realizar el análisis pictórico sobre el cuadro de Rembrandt “La ronda de noche” que prometí hace unas pocas semanas.
Vamos a ello y comprenderemos porque es una de las grandes obras de la pintura.
Lo primero decir que ese no es su nombre original sino: “La compañía militar del capitán Frans Banninck Cocq y el teniente Willem van Ruytenburgh”.
La razón de su actual nombre se debe a que por oxidación de los barnices había cogido unos tonos tan oscuros, que parecía una escena nocturna, pero la sombra del brazo del capitán, proyectada en la casaca del teniente, muestra claramente que el sol entra por el portón del local donde se encuentra la compañía.
La limpieza realizada en 1947 así lo demostró.

El cuadro de 3,6 × 4,4 m., es actualmente algo más pequeño que cuando Rembrandt lo pintó; al ser ubicado en el ayuntamiento de Amberes le cortaron un trozo en cada lateral y otro por arriba, para que cupiese en su nueva ubicación. Sin comentarios.
En esta época del XVII en Holanda, estaba muy de moda realizar retratos colectivos cuyos costes eran sufragados por cada uno de los personajes que aparecía en el lienzo. Por otro lado se estilaba formar milicias ciudadanas para patrullar la ciudad y preservar las buenas costumbres. En este contexto recibió Rembrandt van Rijn el encargo de este monumental retrato que debía lucir en una misma sala junto con los encargos, de la misma naturaleza, realizados a otros artistas.
Craso error por parte de los peticionarios del encargo a Rembrandt, porque su obra no armonizaba en absoluto con el resto de retratos (Primera bronca).
Lo veréis bien claro en cuanto miréis uno cualquiera de las obras con las que debía conjuntar esta “Ronda de noche”, por ejemplo “La compañía del capitán Reynier Reael” obra de Frans Hals.

En esta obra los personajes están tranquilamente posando para ser retratados, por el contrario la obra de Rembrandt es absolutamente dinámica, todos están en movimiento. Todos están a su rollo, olvidándose de que posan para la posteridad.
¿Qué le da ese dinamismo?
El barroco como contraposición al renacimiento siempre buscó el dinamismo, el movimiento, para lo cual usaba la llamada “diagonal barroca”. Que ¿Qué es eso? Pues es la línea maestra que define el cuadro y que va desde el ángulo inferior izquierdo al superior derecho.
Es más sencillo de lo que parece.
Voy a usar un cuadro de Guido Reni para mostrarlo, “Hiponemes y Atlanta”

Todo movimiento ¿Verdad? Pues voy a trazar la línea característica que siguen las figuras.

Esa es la diagonal barroca que está presente en la mayoría de las obras del barroco.
¿Y en nuestro cuadro? (No os vais a olvidar de él en el resto de vuestra vida)
Mirad el bastón de mando del teniente Willem van Ruytenburgh y la dirección que traza. Yo la he dibujado en verde; pero es que el arcabuz y la pica, dibujadas en amarillo, son exactamente paralelas, lo mismo que la línea que va desde el personaje en semipenumbra de la izquierda hasta parte superior derecha, diagonal barroca, pero, y esto es importante pasando por los elementos determinantes del cuadro: manos del capitán, mirada del teniente…

Pero Rembrandt no se queda ahí, sino que ordena también según la línea diagonal opuesta, la llamada “línea siniestra” definida por el bastón de mando del capitán, otro arcabuz y el mástil de la bandera.

Respirad, tragad saliva y continuamos.
¿Dónde está el centro visual del cuadro, el punto por donde nuestra mirada entra en el lienzo? Efectivamente entre la mano del capitán, que por un lado ordena iniciar la marcha de la compañía y a la vez nos invita a los espectadores a penetrar en la escena y el triángulo que forman las miradas del capitán y el teniente, que ¡Oh casualidad! Rembrandt la coloca en el centro geométrico del cuadro, alrededor del que se distribuye la escena.
¡Ojo recordad que al cuadro actual le faltan dos trozos por los laterales y otro por arriba.

Con lo ya explicado esta es la dinámica del cuadro.

En cuanto a la distribución solo una cosita más.
Académicamente se dice que un cuadro, una fotografía, debe seguir para ser armónica la regla de los tercios, es decir dividir la imagen en tres partes. Apliquémoslo aquí:

Todas las figuras se encuentran en el tercio central, en la división horizontal, dejando todo el tercio superior para desahogo del cuadro, pero sobre todo para dar a la obra esa monumentalidad que el encargo requería.
¿Pero que pasa en los tercios de la división vertical?
¡Si se ven como tres grupos cada uno tirando para un lado reforzando la dinámica del cuadro! ¡A ver, esto me suena!

Efectivamente, es el mismo tipo de composición empleado por Leonardo da Vinci en su “Última Cena“.
Curioso ¿Verdad?
Vamos con los personajes.
Mientras que tanto el capitán, del que Rembrandt no deja duda de quien es el que manda, y el teniente que aparece mirando al capitán con cara de decir ¡Que sabrás tu de mandar! están representados con todo lujo de detalles, guantes incluidos, los otros personajes aparecen mucho más difuminados. Justo lo contrario del retrato de Hals, en el cual todos están bien claritos.

Que calidad de detalles ¿Verdad?
De hecho se ve que Rembrandt ha querido dar mayor relevancia al teniente que al capitán, pintándole con mayor detalle y sobre todo de blanco, con lo que lo convierte en el centro lumínico del cuadro, por una buena razón. Willem van Ruytenburgh, a pesar de ser el segundo de abordo en esa milicia civil, era el comerciante más rico de todos los que en el cuadro aparecen y el principal aportador de dinero para el pago de la pintura.
Pues bien, los “secundarios” protestaron -segunda bronca- que al fin y al cabo pagaban todos, y además la nada despreciable cifra de 100 florines. Pero todo se apaciguó y los dieciocho miembros de la milicia civil saldaron su deuda.
De hecho, en el trozo inferior que fue cortado Rembrandt iba añadiendo los nombres según le pagaban su parte.
Pero vamos a profundizar un poco más en la función pictórica que cumplen algunos personajes.
Todo el cuadro está pintado usando exclusivamente tonos ocres y tierras; ocre amarillo, tierra sombra tostada, siena… excepto el rojo de la banda que luce el capitán. Si el cuadro solo llevase ese detalle en rojo desentonaría, quedaría pictóricamente desequilibrado, por lo que viste a otro personaje en un tono bien poco discreto, de rojo.
El mosquetero agraciado con esta vestimenta y que aparece cargando su arma es Jan van der Heede, un próspero comerciante de alimentos. Es el soltero de oro. Circunstancia de la que se aprovecha Rembrandt ya que las reglas de la moda en 1642, dictan que los solteros deben usar ropa de colores brillantes, por lo que Van der Heede viste de rojo – por cierto se casó un año más tarde.
Hay muchísimas más cosas que contar de este casi perfecta obra de Rembrandt, pero ya lo he hecho bastante largo.
Solo una última anécdota. ¿Sabeis de quien es el ojillo que aparece en segundo plano sin que se vea más del personaje?

Efectivamente es el ojo de mi admirado Rembrandt van Rijn.

La tercera bronca que originó el cuadro fue por la inclusión de la mujer que aparece en él. Pero esa ya os la he contado hace poquito.

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