Lana de Voz
Herido de Realidad
24 enero 2025

A pesar de los extendidos comentarios sobre la oscuridad de sus poemas, Paul Celan siempre protestó contra ello: insistía en que “son fragmentos de realidad”.
Peter Szondi, filólogo alemán, era amigo suyo. Y acompañó al poeta en un viaje que hizo a Berlín en 1967. Eran los días previos a la Navidad. Nevaba en Berlín. Celan se alojó en el moderno edificio de la Academia de las Artes, en una habitación con grandes ventanales que daba a una zona poblada de arbustos, el llamado jardín zoológico. Allí, entre el 22 y el 23 de diciembre de 1967 escribió el poema Edén.
A pesar de los extendidos comentarios sobre la oscuridad de sus poemas, Paul Celan siempre protestó contra ello. Hay una cita de un discurso suyo lo deja muy claro, dice: “son los esfuerzos de aquel a quien sobrevuelan estrellas, obra del hombre, y que sin amparo, en un sentido inimaginable hasta ahora, terriblemente al descubierto, va con su existencia al lenguaje, herido de realidad, buscando realidad.” […] “La realidad no está dada, la realidad exige que se la busque y logre”, decía, como si lo enigmático no fueran sus poemas, sino la realidad misma.
Estás acostado en ese inmenso escuchar,
rodeado de arbustos, arropado de copos.
Ve tú al Spree, ve luego al Havel,
ve hacia los ganchos de carnicero, ve
hacia las manzanas en sus rojos palos
que desde Suecia se venden–
Llega la mesa con sus regalos,
y gira entorno a un Edén –
El hombre quedó hecho un colador, la mujer,
la cerda, nadando se tuvo que ver,
por sí misma, por nadie, por todos.
El canal de Landwehr ya no va a murmullar.
Nada
se estanca.
Porque Peter Szondi estuvo con el poeta, durante los días en que este poema fue escrito, pudo entresacar para nosotros unas cuantas anécdotas que nos permiten comprender, no tanto el poema, que eso es otro asunto, más particular, como al poeta, que en su día lo necesitó, necesitó de esa comprensión que se le hurtaba, que se le negó al esfuerzo vital que estaba haciendo a través de la palabra.
La secuencia anecdótica es ésta, vamos a imaginar que nos la cuenta el mismo Szondi.
“Alguien llamado Walter Georgi acompañó a Celan a los ríos Spree y Havel. Luego visitaron la prisión de Plötzensee, convertida en Lugar de la memoria. Pudieron ver allí la sala de ejecuciones donde fueron brutalmente asesinados los conspiradores contra Hitler del 20 de julio de 1944. Se utilizaron ganchos de carnicero para las torturas.
Después de esta visita, estuvieron recorriendo la feria navideña de la Funkturmen en la que se presentaban exposiciones de distintos países. Walter me dijo que a Celan le llamó la atención especialmente una corona de Adviento hecha con palos rojos, manzanas y velas en el stand de Suecia.

Yo mismo había prestado a Celan un libro para que leyera esos días. Se titulaba El asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht. Documentación de un crimen político. Se dice en el libro literalmente que: el hombre, quedó como un colador; la mujer, la cerda, como llamaban a Rosa Luxemburgo sus ejecutores, fue arrojada al canal de Landwehr. Esos crímenes ocurrieron en 1919. Ocurrieron en un hotel llamado Edén, convertido entonces en cuartel general de la División de Fusileros. Cuando paseábamos, pasamos un día junto a un lujoso edificio de apartamentos. Celan leyó el nombre: Edén. Y le indiqué que esos apartamentos ocupaban el mismo lugar que el antiguo hotel Edén, el de las ejecuciones.”
Ve tú al Spree, ve luego al Havel,
ve hacia los ganchos de carnicero, ve…
El asunto del tú en el poema puede ser poéticamente interpretado, pero en este caso a mi me sirve para expresar el profundo balanceo que ocurre entre las dos columnas que sostienen el modo de percibir del ser humano. Esas dos columnas son el espacio y el tiempo. El mismo Celan le confesó una vez a Hugo Hoppert,: «Me sitúo en un nivel de espacio y tiempo distinto del espacio y tiempo de mi lector; él tan solo me puede entender “desde una distancia”, [hay una reja de lenguaje entre nosotros] pero esa “comprensión distante” es, en sí, conciliación, ganancia y quizás esperanza». La distancia, la reja, puede ser interpretada como una interrupción, un corte del hilo. La lógica es un hilo que se alarga por el espacio: acabamos de transitar por una ciudad de Berlín llena de edificios, de historia y actualidad, sin huecos de silencio. Todo significa. Se trata de un espacio nombrado, el antes y el después, el río y la nieve, el bien y el mal, el paraíso y el infierno, cada cosa ocupa su lugar previsto según la gramática compartida, lo que hace gracia y lo que aburre, según qué gramática compartida. En el espacio cada objeto o fenómeno es exterior a cualquier otro objeto o fenómeno del espacio. Se pueden separar el uno del otro, el ahogado del río, el río de la nieve, los ganchos de los palos, y el rojo se puede separar de la sangre. Este hilo lógico es una construcción de la lengua, tiene solo realidad conceptual, de significado.
El poeta es ese que va con su existencia al lenguaje, herido de realidad, buscando realidad. La realidad no está dada, insiste el poeta. Estás acostado en ese inmenso escuchar. La memoria, toda la memoria del día empuja en tu espalda, y te penetra. En la profundidad del tiempo no es posible apartar un suceso y tomar el otro, porque no hay ningún suceso exterior a nosotros. Uno y otro Edén se penetran en la conciencia que escucha en silencio, en el silencio. El grito en la sala de ejecuciones penetra aún las carnes. Y los ganchos del carnicero, manchados de sangre, penetran la dulzura del Adviento, con sus manzanas sobre palos rojos, y abren una mudez ineludible. Abren una palabra muda contra la palabra lógica, hacen un hueco en el hilo continuo del espacio o la gramática. El poema consiste en una realidad fragmentada por la mudez. Al soltar el significado, los silencios cruzan desde la experiencia singular, intransferible del poeta hacia otra experiencia singular e intransferible, la del lector. Esa “comprensión distante” es, en sí, … quizás esperanza, decía Celan hace un momento.
No se puede prescindir de un mundo interpretado, todo significa, pero sí se puede soltar el aferramiento a una identidad, y atraer el espacio al tiempo, se puede abrir una grieta en el significado que supone una dirección, una perspectiva invertida. De la inspiración a la expiración… un cambio de aliento tuvo que ocurrir para la vida. “Yo soy tú cuando yo soy yo”, dice otro conocido verso de Celan.
Cada instante del tiempo está penetrado por toda la memoria, incluido el mar aquel que se aloja todavía en los fluidos de nuestra columna vertebral, somos todo lo que nos trajo hasta aquí abriendo silencio dentro de sí alguna vez… abriéndose en silencio. Yo soy tú cuando yo soy yo. Nada es exterior, nada se estanca, todo incumbe y se penetra y nos penetra.
-No nos amarguemos el tiempo que aún podemos estar juntos, dice Jack en Tierras de penumbra
-Eso no lo amarga, lo hace real, responde ella, Joy… déjame que te lo explique antes de que pare la lluvia y volvamos a casa… voy a morir, Jack… lo que quiero decir es que el dolor de entonces es parte de la felicidad de ahora.

Hemos sustituido todo esto que somos, tiempo, abertura, experiencia interior, penumbra, tierras de penumbra y mezcla, memoria y mestizaje, lo hemos sustituido por las propiedades del espacio: donde cada objeto es exterior al otro, y lo excluye, donde todo puede ser medido, calculado, clasificado, y comprendido que es una forma de encerrarlo en sus límites y en sus fronteras, donde la nada se estanca, porque en el espacio el tú y su dolor y su grito mientras cuelga de los ganchos de carnicero es siempre exterior a mí, y no me incumbe, y entonces a lo que es exterior se le pueden cerrar todas las fronteras.
Agradezco al actor Juan Pedro Schwartz su hermosa colaboración en la lectura. Agradezco la escucha. La traducción del poema Eden es de Arnau Pons. El fragmento donde Peter Szondi relata es una elaboración concisa del original.
El audio:
Poema Todesfuge recitado por el propio Paul Celan
Música de Anna Segal inspirada en este mismo poema de Celan.
Canción final, Ute Lemper interpreta Psalm del autor rumano