Pintura

Entre mermeladas y salmón

31 marzo 2025

Adelanto que esto no es una intromisión en la sección culinaria de Eduardo Comín, que jamás me atrevería, si no la presentación de una pintora y un estilo que personalmente no me gusta en demasía, el estilo, que la pintora sí.
Estoy refiriéndome a la artista Mary Pratt y el hiperrealismo pictórico.
Este estilo me parece frio, carente de alma, con más atajos pictóricos y trampas de lo que el gran público se imagina, lleno de habilidad y técnica aprendida pero carente de emoción alguna y espontaneidad, pero casos como el de Mary Pratt, no es el único, hacen que, una vez más, tenga que huir de las aseveraciones rotundas y maximalistas.
Nuestra Mary, falleció con 83 años hace cuatro días, en 2018 en concreto.
Nacida en Canadá, Mary Frances West, que así se llamaba de soltera, estudió arte por pura afición y es en las aulas de la Escuela de Bellas Artes donde conoce al soso de su marido.
Con Cristopher Pratt forma una familia, tiene cuatro hijos y dedica su vida a hacer lo que se espera de una esposa de su tiempo, cuidar niños, limpiar la casa, hacer la comida y todo eso, tan importante como cualquier otra profesión pero menos edificante.
Mientras Cristopher hace unos cuadros más sosos que una merluza de hospital, mirad en internet, Mary sigue con el gusanillo de la pintura, fotografía sobre todo y de los efectos del color con la luz.
Un día por ejemplo se fija en el efecto de la luz sobre unos tarros de mermelada que ella misma había hecho y les hace una foto, para después pintar esto:

A Mary Pratt el rojo le emocionaba, decía que más que un color es un sentimiento.
Pero es que a esta mujer le emocionaba todo, hasta unos filetes de salmón antes de prepararlos en papillote.

Que sí que son pinturas.
Todo le motiva a esta mujer, los reflejos del papel de aluminio.

Las cáscaras de huevos.

Aunque a esta obra la baña una luz dorada y melancólica, poco acostumbrada en ella. Hay quien dice que se debe a que fue pintada después de haber perdido a sus gemelos y representa el total de hijos que parió.
No tengo ni idea si esto es realidad o querer ver alusiones en todo lo que en la vida hacemos.
Las obras de Pratt, eso sí, son un homenaje al objeto cotidiano, que de tan realista que los pinta, les dota de una magia especial e irreal. ¡Es la belleza de lo cotidiano!
Mary Pratt es una ídolo, ídola… ídole, no sé, como se diga, en su país. Hasta los sellos postales de Canadá llevan imágenes de tarros de mermelada pintados por ella.
Por cierto, y esto es cotilleo, del sosainas se separó en 2004.

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