El Bohío Caraqueño
Canarias Luces y Sombras
13 marzo 2025

Said, uno de los cocineros del más prestigioso hotel de la ciudad, era un personaje polifacético, pintoresco y muy apreciado entre todos aquellos que tuvieron la dicha de conocerlo. Marabino de nacimiento pero de ascendencia árabe. Sudaba y se partía el lomo trabajando en la cocina caliente, pero cada febrero al salir de vacaciones y sin escatimar en gastos, se premiaba a sí mismo al comprarse un boleto aéreo con destino a las islas Canarias para soltarse el moño en una de sus pasiones: los carnavales del archipiélago. Era un gran ser humano que desbordaba alegría y buena vibra por doquier, acostumbraba a recolectar la comida sobrante de la cocina, para compartirla con cualquiera en condiciones de precariedad, en especial, con niños, ancianos y perros desamparados. Así y todo, tenía un lado sombrío, porque al cumplir con su jornada laboral, se iba de farra a los bares del centro de la ciudad.
En esas travesías vivió mil y una historia, como aquella madrugada cuando salía prendido de alcohol de algún botiquín y unos maleantes lo esperaban en la esquina para asaltarlo, y en un giro tragicómico de la trama, terminó yéndose con los malhechores a otro tugurio hasta despuntada el alba. Y no era la primera vez, que se veía envuelto en pasajes sórdidos y turbios. Cómo olvidar cuando estuvo detenido varios días porque iracundo atacó a unos policías que maltrataban a unos niños de la calle, pues así era Said. En otra ocasión, yendo de juerga con tres compañeros de trabajo a un bar cercano a las Torres del Silencio, uno de ellos, un tipo buena onda, mesonero en el hotel cinco estrellas pero de mala bebida, en un confuso altercado de celos, asesinó a una de las ficheras en unos de los apartados del local nocturno, y por tal motivo los cuatro beodos pararon en prisión, pero lo más inverosímil del caso fue que el entonces fiscal general de la república al enterarse de la noticia, intervino para exonerarlos de culpas, por la sencilla razón de que el responsable directo del crimen era desde hacía muchos años su mesonero exclusivo, cada vez que visitaba la cafetería del lujoso hotel.

Said poco o nada tuvo que ver con los acontecimientos y aun así, al salir del calabozo cayó en un estado de profunda depresión, se alejó por un tiempo de los vicios y la noche. En esa coyuntura, un canario amigo suyo, al tanto de lo sucedido lo invitó en vacaciones a conocer el archipiélago español, coincidentemente, eran aquellos inolvidables carnavales de Santa Cruz de Tenerife de 1987, en los cuales se presentaron: Celia Cruz y La Billo´s Caracas Boys. Fue tan placentera la experiencia, que a partir de allí, todos los carnavales regresaba a ese paraíso guanche en donde se sentía como en casa.

Posiblemente por los viajes, los turistas del hotel o por algún personaje de los subterráneos, acrecentó sus criterios culturales, había adquirido una amplitud de gustos musicales, entre tanta melodía, había una en particular: Canción para mi muerte… que por alguna razón misteriosa, lo conmovía y tarareaba con regularidad mientras cortaba las verduras. Anduvo siempre entre luces y sombras. En las vísperas de las fiestas carnestolendas del 96, Said con el boleto aéreo en sus manos rumbo a las Canarias, hizo una parada previa en una populosa parroquia del oeste de la ciudad para comprar alcaloides que resultarían adulterados. Según los noticieros, 45 almas matricularon en el salón de los caídos. Said por su parte, se elevó de este mundo cruzando el Atlántico en un DC10 de Viasa, contaron las azafatas que se fue sonreído, con la mirada puesta hacia algún punto del mar.
Música:
-Tren de Seis, de la Billo's Caracas Boys
-La Vida es un Carnaval, de Celica Cruz
-Carnaval de Tenerife, Orquesta Maracaibo
-Canción de Muerte, Sui Generis
Qué bonito Jhonny, triste pero y por eso a la vez, muy bonito.
Es un personaje real??
Un gusto leerte…