Música en plan tal

Debí Tirar Más Fotos

14 febrero 2025

Empiezo a escribir esto un 14 de enero del año 2025, nada más y nada menos. Que el otro día leí por ahí a alguien que decía, refiriéndose las luces led: “ay, eso es tan 2020…” y pensé, bueno, pues bien, no? No es tanto. Y cuando recapacité… me cago en la leche que no es tanto! 5 años! Será posible que vaya a hacer 5 putos años de la pandemia? Un lustro de aquello y yo ya con poco pelo y alguna arruga creyéndome que tampoco desentonaría tanto entre el público del Arenal Sound. Anda a la mierda, hombre, si hace poco a un chavalillo se le escapó el balón y me dijo “señor, ¿me pasa la pelota”? ¿Señor? Le clavo un patadón a la mierda de la bola que te la cuelgo en un tejado de otra comunidad autónoma. Pero bueno, tendrá que ser así la cosa.

En fin, que hace poco Bad Bunny sacó disco, y eso siempre es evento señalado, y solemos aprovechar mi novia y yo para escucharlo en el coche de camino a algún lado. El último, el de “Un Verano Sin Ti”, lo escuchamos yendo de vacaciones a no sé dónde, gran disco por cierto, algo largo para mi gusto, no como el álbum ese de Mac Demarco que tiene 199 temas, pero le sobra paja. Este nuevo álbum se llama “Debí Tirar Más Fotos” y lo escuchamos de primeras yendo a comer a Borja a casa se mis suegros, así que, como os imagináis, en 45 minutos fue una escucha un poco por encima, pero bueno, luego le he dado otro repaso. Total, típico álbum de artista ya más maduro, que sin dejar de hacer lo que siempre hace, se aleja un poco de lo que uno espera y se atreve a explorar y tal y cual y me está quedando esto como la definición genérica que haría cualquier artista de su nuevo single en una entrevista más preparada que un cortao con hielo. “No, este álbum es el más personal de todos…” suena a meme, ya lo sé, pero es cierto, se nota que realmente lo es. Bad Bunny está ya de vuelta y, sin ser un tarao como Kany West, se puede permitir algunas licencias y dar algunos pasos que a otros les costaría más. Esto es bueno, y a la vez es malo precisamente por lo que quería contaros hoy.

Hay una canción en el nuevo disco, que se llama DtMF, las siglas de Debí Tirar Más Fotos, tema que me pareció chulo la primera vez que lo escuché, pero que me ha terminado de enganchar ahora que se ha viralizado como una plantilla de Tiktok y he tenido que escuchar su pegadizo estribillo 300 veces. La última además fue trampa porque la Torrano la usó en un vídeo a modo de despedida del Imper, nuestro garito de confianza que ahora cierra sus puertas, y eso, claro, me tocó la patata. Total que cuando me quise dar cuenta estaba tarareando la canción un puñado de veces al día y me dije, venga, vamos a añadirla a alguna playlist y la incorporamos así a nuestra rutina, para que no caiga en el olvido. Así que he estado haciendo alguna escucha activa de la canción y, lo que he hablado antes de que era un álbum maduro en el que se atrevía a explorar y salirse de la norma y tal, resulta que ahora juega en nuestra contra. ¿Por qué? Pues porque el tipo ha hecho el estribillo más pegadizo del mundo y resulta que sólo suena una vez a mitad de canción y ya. Luego al final parece que va a sonar otra vez y se corta de repente y el mierdas se pone a dar un discurso. Y finalmente si que suena de nuevo, pero en plan outro, sin acordes, sólo voz y percusión, y cambia la vibra y ya no es lo mismo. En resumen, que bien, bien, sólo suena una vez. Esto sumado a que los versos son largos, de mucha letra bastante personal y con melodías y cadencias que van variando y le restan gancho, pues dejan el tema con esa constante sensación de aisss cassssi. Lo tenías todo de cara para dar en el clavo, cabrón, y decidiste que: “bueno, sabes qué? Bad Bunny justo en este tema se pone en plan d’eso y pasa de lo comercial.” Pues vete a la mierda macho. Una buena estructura comercial es lo que me pedía un estribillazo como ese. Versos cortos, no te compliques, lo de siempre: que PR lo mejor y que te pica la cola, y venga, el estribillo a sonar 42 veces y yo a ponerlo sin parar en las últimas noches del Imperdible mientras lo bailo junto a mis amigos en una agridulce mezcla de felicidad y nostalgia. Pues no, Bad Bunny ha tenido que hacer la puta canción con un solo estribillo perdido por ahí en medio y David Machín ha tenido que cerrar el puto bar de los cojones. Me cago en mi raza, en el Covid, en el Arenal Sound, en el paso del tiempo y en la muletilla final de Pablo Zaldívar, para la garceta de la ribera.

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