Los dos pozos Herrera: poema de las distancias
La distancia, como un hilo, entreteje los fragmentos.
Castillete del pozo minero Herrera I en Sahelices de Sabero.
El desafío desierto.
La araña, nómada, contra el blanco.
La mesa del bar amanece
escrita
con la rapidez mínima de un cuerpo.
Pende
la profunda distancia
que entre nosotros establece la biología a saltos amortiguados por un hilo.
Es lento el despertar
en los dedos que escriben
la distancia
de la taza hasta llegar a los labios.
Hay piedra de pensamiento
enfrente.
Son las rocas o crestas del monte
a través del acristalado mirador.
Hay vasos de cansancio consumido durante la noche del carbón.
Cuando los mineros
extienden la industria hacia dentro,
y la conversación se hace un poco más íntima.
Eso que se oye hace más de un siglo que fue pronunciado.
¿Qué rumor de hierros trae
la tinta
por los rieles de la araña?
Parece lumbre de amor aún.
La oscurecida
gravedad
del carbón ha prendido.
Pon la escucha en la roca,
pon
la lejanía
de las crestas en tus ojos.
Hasta desprender
de nuevo
un latido:
sin observador,
sin punto de referencia,
un instante que se destruya
en el gozo escrito del poema.
En los hilos de la araña hay encendida
una presa
de lumbre.
La palabra no sirve.
Sin observador,
sin punto de referencia.
No me sigas,
hunde
en ti la chispa del poema.
Como en el pozo Herrera II
se hunden aún los mineros.
El tiempo se ha ido.
Escucha
cómo se rompen los cristales del edificio.
Pero ellos cruzan nómadas aún el desierto.

Interior del Pozo la Herrera II, en Sotillos de Sabero
Desde 1928 huyendo de la dictadura portuguesa llegaban al valle de Sabero convoyes de portugueses vencidos.
Desde mediados del siglo XIX se extraía carbón en el valle. En 1912 empezó a descender en vertical el pozo Herrera I hasta los 160 metros. Luego en 1945, un poco más arriba, el pozo Herrera II en Sotillos desciende entre temblor de hierros y asombro hasta los 512 metros de profundidad. Fueron removidos dentro de mi vientre un total de 19 kilómetros, hasta el 1991, el pozo cerró.

Pozo Herrera II en Sotillos de Sabero.
La sílaba de los pájaros.
Ruidos en la cocina del bar.
¿De dónde vienen los golpes que suenan en la realidad?
La flor de la ventana está derramada en el cuenco.
Una palabra acaba de llegar a los labios y se espera un instante antes de salir.
Sin símbolo.
Sin nubes.
El gozo está escrito en el poema.
Sin observador,
sin punto de referencia.
Empieza entonces a gotear, de pronto,
como cuando empieza a llover
y de repente es que suena el teléfono.
A. está llamando.
El agua fresca de la voz
cae
de golpe en la realidad.
Veo que estás despierto, me dice.
Le había respondido ya el whatsapp que me envió.
Me acuerdo de la jarapa colgada en el pared medianera, entre oriente y el sonido aquel de los trigales,
durante aquella juventud
sin mucha profundidad.
Tenía un hilo naranja
que cruzaba varias veces
la tela
hasta llegar a mis manos.
No existía ningún cielo aún
y muy poco
existía entonces el mundo.
Sin observador,
sin punto de referencia...
...un instante
que se destruya
en el gozo escrito del poema.
A. dice. Nombra.
Llueve ella junto al primer sol.
Está feliz sintiendo cruzar toda la mañana por sus ojos.
Está en Grecia.
Me habla desde una diminuta isla griega.
Sube entre nosotros la congoja
de no poder existir
más que solo un poco,
apenas nada, allí hacia abajo, hacia el límite de los 512 metros.
Ella me habla de un pulpo puesto a secar.
Y como presiente mi punzada de tristeza,
entonces cambia rápido, y me dice, hay un bar solitario frente a la bahía.
Todo, todo, es la belleza,
como cuando se respira al subir al cielo
desde un vientre
hundido 512 metros hacia dentro.
¿Tendrá el bar allí en Grecia una mesa blanca y una araña
nómada
cruzando el desierto?
Pon la escucha en el pozo
de la taza,
pon el negro en el sorbo,
pon el carbón a prender.
Quema tan dulce.
Una mirada cruza
nómada
desde Portugal a Grecia.
Desde el fondo de la geología paleolítica cruza hasta la sierra
de enfrente
en Sotillos,
aquí donde la piedra se remueve
y late
un poco de nuevo.
Qué nómada vivir se ha hundido
entre los hierros
del inicio del mundo.
Quema tan dulce!
Bebo el carbón a pequeños sorbos.
Bebo
entretejido
los comienzos del universo.
Era el amor ya entonces.
Bebo la distancia en los hilos escritos por la araña.
Sin observador,
sin punto de referencia...
...un instante que se destruya
en el gozo escrito del poema.
No me sigas,
hunde
en ti la chispa del poema.

BRIGADA DE SALVAMENTO MINERO en el Museo de la Siderurgia y la Minería en Sabero
Código de atribución "Kalimba Relaxation Music" Kevin MacLeod (incompetech.com)
Licenciado bajo Creative Commons: Por Atribución 4.0 Licencia
http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
También en Lana de Voz