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Resurrection, de Bi gan: cuando el cine desciende al cuerpo

Enrique Pérez Arco Enrique Pérez Arco 7 min de lectura
Resurrection, de Bi gan: cuando el cine desciende al cuerpo
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Resurrection, de Bi gan: cuando el cine desciende al cuerpo

Quizás sea la mejor película del año 2025. Eso he leído, y estoy de acuerdo. Pero comencemos con un poema del libro Huesos de sepia, publicado cien años atrás, en 1925. Es el primer libro de Eugenio Montale, natural de Liguria, algo que no tiene ahora mucha importancia, pero suena a música.. ensoñada en las palabras.

Portami il girasole ch’io lo trapianti
 nel mio terreno bruciato dal salino,
 e mostri tutto il giorno agli azzurri specchianti
 del cielo l’ansietà del suo volto giallino.
 Tendono alla chiarità le cose oscure,
 si esauriscono i corpi in un fluire
 di tinte: queste in musiche. Svanire
 è dunque la ventura delle venture.
 Portami tu la pianta che conduce
 dove sorgono bionde trasparenze
 e vapora la vita quale essenza;
 portami il girasole impazzito di luce.

Tráeme el girasol que lo trasplante
a mi tierra quemada por la sal,

y enseñe todo el día al azul resplandeciente
del cielo la ansiedad de su rostro amarillento.

Tiende a la claridad lo que es oscuro,
se gastan los cuerpos en un fluir
de tintas, y éstas en músicas. Desvanecerse
es la ventura, pues, de las venturas.

Tráeme tú la planta que conduce
adonde surgen rubias transparencias
y evapora la vida como esencia;
tráeme el girasol loco  de luz.

         (versión de Joaquín Arce)

La poesía de Montale está llena de referencias al declive de lo humano, pero contiene un impulso vital de resistencia. Y la resistencia podría ser el tema de fondo en la mejor película del año pasado.

Una manta de lana azul sobre un sofá de skay en una casa destartalada y vieja parece un objeto, tiene sus bordes bien delimitados, pero – más allá de esos límites, resiste el declive de la casa aportando calidez.

Las hojas del almanaque que mi abuela arrancaba cuando era niña– para revisar luego en los campos con un dedo asombrado las letras que el maestro Borrega enseñaba a sus hermanos mayores, – y a las que ella, la pequeña de la casa, atendía como por descuido... mientras jugaba aprendía a aprender…  Aquellas hojas del almanaque eran objetos delimitados, tenían sus bordes, pero ella, más allá de esos límites, los dotaba con un impulso de luz – cereal.

Nos sentamos en una sala de cine con cierta expectativa semejante al dedo con que mi madre recorría fascinada la luz escondida en las letras. Junto a la expectativa, el cine nos acoge también con ternura. Suele ser cálido el diseño de la butaca; se amoldan allí los cuerpos con gusto, como cubriéndose con una manta de lana azul.

Las luces se apagan, y la materia que somos se distiende, el cuerpo se abre hacia otra respiración dispuesta a rebasar los límites más contundentes de la realidad que hemos dejado afuera.

Pero cruzar hacia el interior produce algo de vértigo. Aunque somos acogidos en una calidez parecida a un vientre, no estamos, sin embargo, acostumbrados a sostener demasiado tiempo la expectativa luminosa de un vacío. Afortunadamente en pocos minutos el argumento va mostrándose, y va conduciendo la atención. Así suele ser el cine y así, conducida, parece más segura la vida.

La película es larga, parece. 

Ronda las tres horas. Hacia la mitad algunos espectadores comenzaron a salir. Después de una hora no había mapa, ni itinerario ni manta azul, tampoco alfabeto reconocible. Solo sensaciones cayendo en tromba dentro del cuerpo que habíamos abierto al principio. 

En fin, se trata de una de esas películas de autor, cierto que algo raro, pero hace tiempo que lo había disfrutado; fue algo especial el descubrimiento de Kaili Blues, su primera película, un auténtico poema que parece un río. También Largo viaje hacia la noche, la siguiente película, donde Bi Gan insiste en el plano secuencia y en la búsqueda y en el poema y en la textura onírica del cine. 

 Ahora el cine caía dentro de mi cuerpo como tormenta desbordada de manera intencionada y excesiva. Quizá no se trata de que la película, el arte, el poema… te gusten o no, quizá se trate de que penetre tu cuerpo. Quizás se trata del extranjero.

La propia mente fue dando poco a poco un paso atrás en el interior de sí misma. El observador dentro de la cúpula mental se fue desprendiendo de su sensación confusa, de la potencia visual y sonora, y también se fue desgajando de las propias emociones que emergían…  temores, dudas, recuerdos, imprevistas asociaciones personales, dureza visual, incomodidad de la mente y del cuerpo en la butaca…  todo burbujeaba mezclado dentro de la cúpula mental,  como si la película estuviera ocurriendo en esa bóveda interior, inseparable del cuerpo y las propias emociones. El paso hacia atrás del observador lo convertía en el extranjero dentro de la propia mente, y a semejanza del Meursault  de Camus, me fue brotando una tierna indiferencia que me condujo por las dos horas restantes… 

 Ya cerca del final parecía que el propio extranjero, el observador desprendido, estaba él mismo desvaneciéndose…. Cuando esto ocurre, en la espaciosidad vacía que deja su desvanecimiento… las apariencias adquieren una cierta calidez de manta azul, a la vez que una vivacidad encendida. Es como un ilusorio parpadeo, es la fugacidad de un mundo loco de luz.

 Portami tu la pianta che conduce
 dove sorgono bionde trasparenze
 e vapora la vita quale essenza;
 portami il girasole impazzito di luce.

La película trata  de una humanidad que ha conquistado la vida eterna renunciando a su capacidad de soñar. Solo algunos delirantes resisten y se empeñan en seguir soñando. Ellos son cazados. 

El desprendimiento del observador, su ser extranjero, es una resistencia. Frente al declive de una humanidad aferrada a la solidez del mundo, un mundo que la humanidad quisiera eterno, el delirante opone la inconsistencia ilusoria de los sueños. Lo que los objetos desprenden… la calidez de la acogida, la luz en el dedo que señala las letras, el girasol loco de luz, la tierna indiferencia del extranjero en su prisión…. son los sueños de los delirantes. Es el cine, es la ilusión, es la fugacidad que emerge de la materia, del cuerpo cuando este, el cuerpo, se abre, se deja abrir.

Inevitablemente al encenderse las luces regresamos al contundente mundo del exterior. Y sostenemos con ahínco de nuevo la solidez. La mente se adhiere, aprieta con fuerza sus objetos y sus emociones. Se identifica. Elimina el desprendimiento. Queremos seguridad, queremos certeza. Queremos identidad. Y olvidamos que desvanecerse es la ventura de las venturas.

No obstante, un destello, una aspiración de luz ha sido trazada. Es apenas una huella en la mente, es un ascua o pequeño girasol trasplantado que alza su mirada. Está mostrando el girasol las estrellas en el ventanuco del techo de la prisión donde el extranjero que somos cada uno podría si insiste, si resiste al capellán que quiere salvarlo para una vida eterna, si aguanta sin esperanza de perpetuar su identidad,  podría si insistiera, que no es fácil, podría el extranjero rebasar los límites, no los de un más allá, sino los del propio interior, los de la propia mente aferrada, o adherida al mundo, o a la patria, o a la propiedad, podría alzar como el extranjero la tierna indiferencia de un girasol loco de luz.

Podríamos ser, en la manta, la acogida. Podríamos ser en el dedo, la luz. En el girasol, la transparencia. En la palabra, el silencio. En la materia, la abertura. 

Podríamos ser el color blanco. Les dejo al final del texto el enlace de la primera, el desvanecimiento de los límites.

Tendono alla chiarità le cose oscure,
si esauriscono i corpi in un fluire
di tinte: queste in musiche. Svanire
è dunque la ventura delle venture.

Tiende a la claridad lo que es oscuro,
se gastan los cuerpos en un fluir
de tintas, y éstas en músicas. Desvanecerse
es la ventura, pues, de las venturas

Gracias a la generosidad y hermosa voz de Naama de Miguel de Pablo este podcast pudo tocar la vibración, la entrañable vibración original del poema de Montale. Gracias, muchas gracias a Naama.

Y muchas gracias también a Soraya Pérez Borrego, quien generosamente me ayudó a rememorar con su hermosa voz la fuerza de luz cereal escondida en las letras, entregada de una a otra generación. 

Enlace al color blanco, primera parte.

Créditos de los fragmentos de pistas musicales utilizadas, alguna, con ligeras modificaciones de tempo. 
Atlantean Twilight de Kevin MacLeod tiene una licencia Atribución 4.0 de Creative Commons. https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
Fuente: http://incompetech.com/music/royalty-free/index.html?isrc=USUAN1100322
Artista: http://incompetech.com/
A Night Alone, TrackTribe
Winter Ride de Twin Musicom tiene una licencia Atribución 4.0 de Creative Commons.
https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/
Fuente: http://www.twinmusicom.org/song/308/winter-ride
Artista: http://www.twinmusicom.org

 

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