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Desprendimiento

Enrique Pérez Arco Enrique Pérez Arco 4 min de lectura
Desprendimiento
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Desprendimiento

Frente a la desnudez, como frente al sol, así era la parva de las eras, cuando el trigo amontonado hacía hervir las mejillas. Luego has entrado al dormitorio. El cuerpo como cereal respira. Hay rastrojos y sudor y pájaros del verano desprendidos en la saliva. Acércate un instante. He detenido el vértigo. Y miro con mis manos

silencios que pone la distancia.

El agua, ya sin invierno, se nos quedó adherida como fidelidad o matrimonio.

Ay, si supiéramos vaciar las palabras. La cáscara está abriéndose sin ruido en el fondo de la mente. Los frutos se esparcen. La sociedad suena en la ventana con sus vilanos. Revolotea el color del mundo sin realidad. 

No quiero hilvanar el rastro de las manos cuando se nos van de la piel. Pero detengo justo aquí la escritura del poema. 

Quiero contar otra cosa, contar los pasos del hilo desprendiéndose. 

Es domingo y acudo al extranjero, es muy temprano. Estoy regresando ahora mismo al final de esa breve novela de Albert Camus. Estoy regresando a su desprendimiento.

Meursault está en prisión. Acusado. Tiene el miedo normal de los condenados a muerte, pero no hace de ello ningún drama. Imperturbable escucha al sacerdote, lo rechaza con desgana, sin apenas argumentos, justo hasta el sacerdote dice… “estoy con usted. Pero no puede darse cuenta porque tiene el corazón ciego. Rogaré por usted”.

“Rogaré por usted”… le dice el sacerdote, y Meursault se rompe y estalla con ira. Dice así en el relato:

“Me puse a gritar a voz en cuello y le insulté y le dije que no rogara…” Lo zarandea con una mezcla de ira y de placer.

Meursault, el condenado a muerte, ha estallado ante el ofrecimiento del ruego… que es el ofrecimiento de una salvación. Camus ha concentrado en este final del extranjero los últimos dos milenios de Occidente: la historia de una salvación ofrecida por la cristiandad; el ofrecimiento de un más allá, que fue luego derivando desde los pies desnudos del cristo compasivo, fue derivando primero hacia la estructura cardenalicia, y luego… más allá… hacia la economía, con su promesa de un progreso infinito…. más allá. Rogaré por ti, le dicen al condenado a muerte de este siglo XXI, le dicen los números, las estructuras, las máquinas de silicio, la tecnología que se va haciendo autosuficiente… rogaré por ti, dice el algoritmo.

Pero nadie estalla, nadie toma por el cuello al sacerdote de Sillicon Valley.

En los últimos veinte años, he vuelto varias veces a esa dos páginas finales del extranjero, pero hay otro texto semejante de Albert Camus que me desenreda el nudo del cuerpo en el verano, la desnudez frente al sol, la parva de las eras, cuando el trigo amontonado hacía hervir las mejillas. Se trata de un breve ensayo El desierto, incluido en el volumen Las bodas. El verano. Si Meursault estalla en las últimas páginas de El extranjero como estalla una gota de perfume en el cuello de María Magdalena. En las diez páginas El desierto, la Toscana se hace río de palabras en la penumbra de un umbral a las tres de la tarde cualquier agosto, con parvas de trigo amontonado. Digo umbral, que es donde tiemblo, digo trigo que es mi cereal alma. Umbral es un lugar de paso, que es donde se produce el desprendimiento.

Esta cualidad de desprenderse es lo que Meursault, el condenado a muerte que somos cada uno, conquistó en sus últimos días en la prisión.

Dice allí Meursault… 

como si esa tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de la esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrella, me abría por vez primera a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía.

 

Salto al verano, el otro texto de Camus.… allí donde dice… 

...singular instante… en que la felicidad nace de la ausencia de esperanza, en que el espíritu encuentra su razón en el cuerpo. Si es cierto que toda verdad lleva consigo su amargura, lo es también que toda negación contiene una floración de “sí”. Y este canto de amor sin esperanza que nace de la contemplación, puede figurar también la más eficaz de las reglas de acción.

Es imposible que yo pueda transmitir el nudo que el desprendimiento de la esperanza supone para este momento….

En otra quincena continuaré este hilo.

Lectura del texto El desierto (Traducción de Alberto Luis Bixio), incluido en libro El verano, Bodas.

 

 

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