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Del compromiso a la plegaria: de Bergson a Simone Weil

Enrique Pérez Arco Enrique Pérez Arco 7 min de lectura
Del compromiso a la plegaria: de Bergson a Simone Weil

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Del compromiso a la plegaria: de Bergson a Simone Weil

¿Hacia dónde, estrecho calendario de mis dedos, te puedo conducir con las palabras? Se oscurecen como el fruto según pasan los días dentro del cuaderno. Te desconozco, temblor del habla.
¿De dónde vienes?
Eres el extraño.
Te voy diciendo, vacío curso de mi temblor
tan lleno a pequeñas ráfagas de ternura.
A pequeñas ráfagas
son movidas a veces las hojas del ciruelo,
son escritas
a pequeños trazos en el árbol des-argumentado.

Se abre aquí el argumento. Como las cortinas abren el patio. Henri Bergson me brilla en mitad de la quincena, o quizás Simone Weil ilumina con silencio, rota ella, las palabras. Podrían ambos haberse conocido. Pero fueron distantes, generaciones distintas. Hoy la experiencia interior me los conecta en la penumbra áspera del patio; encima de las manos los tengo. Como sombra del ciruelo. No soy digno, señor, de tus razones ni argumentos, y acudo al escorzo como quien se apoya en una rama torcida. 

Bergson tenía 81 años a finales de 1940. Estaba enfermo. Se envolvió en una manta y... en bata y zapatillas... se encaminó hacia la prefectura de París, para inscribirse en el censo de judíos, como estaba ordenado por las autoridades. El gobierno títere de los nazis, el régimen de Vichy, le había eximido de esa obligación en razón de su fama, de su edad avanzada, y sobre todo de su grave estado de salud. Bergson moriría pocas semanas después. Pero él declinó el dudoso privilegio que le habían otorgado, "ario honorario", dijeron las autoridades.

Entonces se envolvió en una manta, que adopta la curvatura cóncava del interior. Una experiencia táctil del cuerpo. Es la intimidad del sorbo dentro de una luz vencida. 

“He querido permanecer entre los que mañana serán perseguidos”  *

Eso dejó escrito.

Era su dirección contraria. Quería permanecer dentro. En contra del sentido común. Dentro del movimiento, que en aquella encrucijada le conducía hacia los perseguidos. Era su compromiso con la dirección vislumbrada a lo largo de toda una vida minuciosamente ofrecida a la filosofía.

Simone Weil, la virgen roja, estuvo comprometida desde su juventud con el sufrimiento. Weil, como Bergson, tenía profundas raíces judías y ambos mantuvieron una relación conflictiva con su propia herencia cultural y religiosa. Ambos expresaron su adhesión interior al catolicismo, a la figura de Cristo como expresión del amor, pero alejándose de cualquier dogmatismo. Era su compromiso interior, cercano al misticismo. Bergson fue un filósofo de argumento minucioso, enamorado de la filosofía como transformación vital. Simone Weil, apoyada en el fragmento, abría con enrojecido silencio su grieta interior, abría el argumento de las palabras. Ella las des-argumentaba. Ponía el soplo vacío de sus dedos sobre las hojas escritas. A pequeñas ráfagas…

"El carácter irreductible del sufrimiento, que hace que uno no pueda sentir horror en el mismo momento en que lo padece, tiene por objeto la detención de la voluntad, de la misma manera que el absurdo detiene la inteligencia, o de la misma manera que la ausencia detiene el amor, con el fin de que, una vez llegado al extremo de las facultades humanas, el hombre extienda sus brazos, se detenga, mire y espere"

Esa detención que dice Weil es el silencio de Dios. Estamos agotados... realmente agotados...

"...necesitamos palabras de verdad. Gritamos para conseguirlas. El grito nos desgarra las entrañas. No obtenemos más que silencio.

Después de haber pasado por esto algunos se ponen a hablar consigo mismos. Ya pueden hacer lo que quieran, porque después de esto tan solo cabe tener piedad de ellos. Los demás, que son poco numerosos, entregan todo su corazón al silencio"

El silencio para Bergson estaba en el interior del movimiento. ¿Qué esconde la calidez de una manta en las calles de París camino de la prefectura si no es el calor materno? ¿Y qué esconde el amor de una madre en su gesto más íntimo? Una madre acoge algo más profundo que el amor por un ser concreto. Ella incluye el movimiento mismo de la vida transmitido de una a otra generación. Ese era el compromiso de Bergson camino de la prefectura. Había escrito… “El ser vivo es un lugar de pasaje y lo esencial de la vida es el movimiento que la transmite” Son sus palabras. Señalan un lugar desde el que no queremos mirar: los adentros de nuestro fluir incesante.

No se trata de ser algo, sino del ir que adviene algo otro. Toda la memoria acumulada,  indivisible de este único instante o borde moviente, oleaje encrespado como una mirada que levanta medio cuerpo sobre el océano.  Es un lugar sin argumentos, con la gramática desbaratada, con las ramas torcidas, y la sintaxis rota...

Te desconozco, temblor del habla.
¿De dónde vienes?
Eres el extraño…

Hay un momento en que uno tiene que cesar toda la búsqueda. Abandonar la proliferación de los argumentos en el árbol del lenguaje. Comprometerse. Desechar incluso la propia voluntad. O la ilusión de entender algo. Comprometerse con lo más íntimo que uno lleva en las entrañas. Es la hora de la súplica. Eso que nos excede en el extremo, en el borde de las facultades humanas, siempre calla. Es como el silencio de Dios. Dios no puede ser otra cosa que la ausencia de ser algo.  Y la extraña voz propia que suplica, en la oración se deshace para recibir esa imposibilidad. El río interior extenderá sus brazos en algún momento propicio, detendrá su mirada, íntima, y en la espera sentirá brotar dentro del fluir incesante del agua, la transparencia, la inmutable, ecuánime transparencia. Será la mirada purificada. Será la pureza.

"La pureza es nuestra capacidad para contemplar la mancha.
La pureza extrema puede contemplar tanto lo puro como lo impuro; la impureza no puede hacer ni lo uno ni lo otro: lo primero le da miedo, y lo segundo la absorbe."

"Hay que estar en un desierto. Pues aquel al que hay que amar está ausente.
    El que pone su vida en la fe en Dios puede perder su fe.
    Pero el que pone su vida en Dios mismo, ese no la perderá nunca. Poner la vida en aquello que no se puede alcanzar de ninguna manera. Que es imposible. Que es una muerte.

Y eso es lo que hay que hacer."

"En cuanto totalmente vacío de Dios, este mundo es Dios mismo."

"No es preciso querer encontrar: porque, como en el caso de la dedicación excesiva, se vuelve uno dependiente del objeto del esfuerzo [...] El esfuerzo sin deseo (no vinculado a un objeto) es el único que encierra de manera inequívoca una recompensa."

Te desconozco, temblor del habla.
¿De dónde vienes? 
Eres el extraño que me cruza
y excede
y mueve a pequeñas ráfagas mi oración.

Había  pensado en la hermosa voz de Rocío Quiles para las numerosas citas de Simone Weil que hay en este texto, pero finalmente le pedí también la lectura de parte de mis propias palabras. De pronto en su voz llena de matices y sobre todo de corazón me parecieron distintas a las que yo había escrito. Muchas gracias, Rocío, por tu generosidad y porque en la voz se abre otro lugar para la comprensión.

Dice Hui Neng en el Sutra del Estrado:

Comprender por la palabra y con el corazón
es como alcanzar el sol que anida en el espacio vacío. 

El sol que anida en el fluir incesante del agua es lo que parece querer expresarse en otro texto de esta misma sección: Marea.

Notas:

*Esta frase de Bergson pertenece a su testamento redactado en 1937, cuatro años antes de su muerte, donde explica que a pesar de que moralmente se siente católico no se adhiere ni se bautiza por solidaridad con los malos tiempos que se presumen para los judios. Las referencia de Bergson yendo a la prefectura en bata y zapatillas figura en los Diarios de Julián Green, la consulté en la red, en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Todo figura en una nota de Ricardo Gullón sobre el Bergson católico.
Todas las frases que aparecen en el texto en formato cita con entrecomillado pertenecen a Simone Weil, La gravedad y la gracia, Editorial Trotta, Edición de Carlos Ortega.
Las referencias de Henri Bergson a la maternidad las he tomado del libro Potencias del tiempo, versiones de Bergson de David Lapoujade, Ed. Cactus.

Nota del autor sobre el texto:
Tengo absoluto  respeto por todas las manifestaciones espirituales. No quiero frivolizar con ningún símbolo o contenido religioso. Soy consciente de la profundidad y respeto que requiere tratar cualquier contenido de ese tipo.. Pero esta sección no indaga en lo religioso, sino en lo poématico como manifestación espiritual.  Hoy significativamente el Love Supreme de John Coltrane es signo de esto que digo.

En la música, junto a John Coltrane figuran algunos compases de una pieza de John Patitucci, Layer Cake.
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