Cuando me levanto, tengo en la pared de enfrente 24 obras de arte. De diversas técnicas. Alguna pequeña escultura de madera.
Viajábamos con G. y callejeábamos bastante. Cuando estás de viaje miras los edificios y las paredes de otra manera, con otros ojos.
Estuve con G en algunas ciudades europeas y africanas. Lisboa, Budapest, Bruselas, Marrakech...
En Bruselas vimos jazz, bares, cervezas, el niño ese que mea, vimos títeres colgados y calles, vimos comics museos y Tintín. Vimos otras ciudades cercanas a Bruselas.
En un paseo vi dos cuadritos pequeños en una farola, pegados. Me gustaron mucho.
El Bansky de Bruselas se llama NES.
Había pintado dos chicos árabes con gafas. Distintos. Se parecen en los labios y en unos ojos escrutadores que te observan.
Arranqué pacientemente las pinturas de la farola. Igual está mal. Pero no se. Es un recuerdo de art street y de Bruselas.
Siempre que puedo le robo a las paredes de una ciudad desconocida algo: un poster, un teléfono, un anuncio y me lo traigo.
Unos años más tarde hablo un poco de esos cuadritos, que me miran todas las mañanas enmarcados en plateado y en made in taiwan.