Para la gente decente, para la gente vulgar

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Ocurrió en la Península Ibérica, en los albores del siglo XV, durante el proceso de la Conquista y consolidación de la élite cristiana. El Surgimiento de un oprobioso instrumento, “La Limpieza de Sangre”, un procedimiento institucional cuyo objetivo era comprobar el origen y el linaje, de la población cristiana vieja, en detrimento de los descendientes de judíos, moros y gitanos. Lo cierto es, que el hombre siempre ha sido el depredador de sí mismo, hemos creado a lo largo de la historia mundial cualquier cantidad de mecanismos para la dominación, explotación y exclusión de los más débiles y desamparados. Y así como en la Madre Patria, una de sus hijas, en el nuevo continente, la Capitanía General de Venezuela, copió el formato, pero con otra variante, la de excluir a los nativos originales, a los africanos y a sus descendientes de casi todo bien, servicio o institución colonial. Sin embargo, lastimosamente con el pasar de los años, estos rasgos de racismo y discriminación no se han disipado, por el contrario, se ha mantenido a veces matizados y en otros casos abiertamente a lo largo de nuestro periodo republicano.

Para muestra un par de botones, que sirvan de reflexión, acerca de cuan jodidos estamos como seres humanos. En el año 1944, bajo la presidencia del General Isaías Medina Angarita, se celebrarían VII Serie Mundial de Béisbol Amateur, en la ciudad de Caracas.

Para la elección de la madrina del evento, se postularon un grupo de lindas jóvenes aspirantes al título, pero en realidad, las favoritas del público y de la prensa escrita, eran dos, Oly Clemente una bella muchacha, hija de un alto funcionario del Gobierno y perteneciente a la clase pudiente de la sociedad caraqueña y, por otro lado, la hermosa Yolanda Leal, una humilde maestra de Monte Piedad, una populosa barriada de la capital.

Estos sucesos movieron los cimientos de la sociedad venezolana de la década de los 40. Insuflado por los medios de comunicación, apoyados por la iglesia católica y sectores reaccionarios y racistas de la alta sociedad, se inició una campaña sucia en contra de la maestra, por su origen y color de piel.

Apareció una publicidad que pasará a la posteridad como ejemplo de la ignominia humana, el panfleto alegaba “Oly Clemente para la gente decente, Yolanda Leal para la gente vulgar”, esto caldeó los ánimos del venezolano, quienes lo asumieron como una afrenta al pueblo. El método para la elección era el voto popular, nunca antes en nuestro país se había ejercido ese derecho. La tierra tembló y el bravo pueblo salió bien temprano a ejercerlo, al final de la jornada ganó la maestra, la muchacha del barrio y en 500 años ganamos una, carajo.

De la misma manera, el segundo botón, ocurrió en julio de este año, platicando en una cafetería de mi querida parroquia San José, con una afable anciana de origen canario, me relataba que en el año 1973 ella se disgustaba mucho con la directiva del colegio La Salle, de Tienda Honda, en donde estudiaba su para entonces adolescente hijo, porque no permitían estudiantes de padres divorciados y mucho menos, que tuviesen un extraño color de piel. Es que resulta tan difícil para muchos, sacarse la colonia de las cabezas.

Os dejamos a pié de página un poema de la época, escrito por Miguel Otero Silva, poeta venezolano ensalzando a Yolanda Leal, que podréis oír recitado por Jhonny al final del audio de su artículo.

Asimismo os dejamos aquí la música usada como cortina para el texto:

1. Rumba Argelina, de Radio Tarifa.
2. El racismo es una enfermedad, del grupo caraqueño de ska Desorden Público.
3. Guantanamera, interpretada por Celia Cruz.

No es el primer artículo del embajador venezolano de la gaRceta y su comarca de la ribera alta del Ebro, en el que se habla de la Limpieza de sangre y una de sus versiones americanas, podéis volver a disfrutar el texto de Amor en tres tiempos siguiendo este enlace.

Para finalizar os invitamos a ver el videoclip Tiembla de Desorden Público, pulsando sobre el botón play que encontraréis sobre la foto principal del artículo.

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