Amor en tres tiempos

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Cuentan las crónicas, que las tres hermanas Bejarano eran las señoritas más irresistiblemente hermosas de la Caracas del siglo XVIII.

Magdalena, la maternal y protectora. Eduvigis, idealista e irreverente y Belén, una pícara seductora, cada una era un espacio en sí mismo, tenían en común su pasión por la repostería, era el mismo amor en tres tiempos como diría nuestro “cantor del pueblo” Ali Primera. De origen pardo*, en un contexto de discriminación y limpieza de sangre, durante la Capitanía General de Venezuela, insignes creadoras de aquella torta que endulzaba labios y hacía estremecer de placer tanto a los mantuanos* como a las castas.

Por la plaza Mayor se escuchaba el pregonar: “¡¡¡Vuestra Merced!!! Aproveche que ya llegó la suculenta torta Bejarana“.

Ellas eran amores imposibles para la mayoría, pero por lo menos le quedaba a cada mozo de la ciudad, el consuelo de disfrutar en el paladar, de sus deleitosos manjares.

Resulta pertinente acotar, que el discurso de limpieza de sangre es fundamental para la comprensión de los valores y relaciones entre los diferentes factores que conformaban la sociedad durante la colonia, por lo menos en Venezuela, fue un sistema de estratificación de clases sociales extrapolado desde la Península Ibérica.

La torta Bejarana era muy particular, no requería la harina de trigo, se utilizaba la harina de maíz o fororo*, plátano, papelón*, canela, clavo, pimienta, guayabita*, anís, ajonjolí y…. sabrá Dios que secreto culinario en lo más íntimo se guardarían estas sensuales ninfas tropicales.

Ejemplo de cédula Real

Lo cierto del caso, es que, gracias a la popular torta, las hermanas lograron acumular una cuantiosa fortuna que les permitió, viajar a España para comprar una Real Cédula con la cual adquirían los derechos de las mantuanas* caraqueñas. Decía el rey Carlos IV: “Que se tenga a las Bejarano como blancas, aunque sean negras”.

Pongo a volar mi inquieta creatividad e imagino en la corte al rey Carlos IV –que ya mencionaba José Ramón la semana pasada en su artículo “Una Sonrisa Engañosa“, a la soberana María Luisa de Parma, su hijo, el futuro Fernando VII, al que la propia madre llamaba el “marrajo cobarde”, junto a Manuel Godoy, su esposa la condesa de Chinchón y la exuberante Pepita Tudó, todos sentados a la mesa, degustando el afrodisíaco dulce caribeño. Por Dios, con esa imagen que obra maestra nos hubiese regalado Goya.

Las Bejarano nunca fueron aceptadas como iguales por las blancas criollas* de Caracas, aun comprando ese derecho, inclusive, Belén se casó con un alto oficial de la capitanía General y siguió siendo aquella parda “recién vestida”. Sin embargo, la alta demanda de sus tortas continuó. Se dice que era la favorita de Simón Bolívar, de hecho, sus casas estaban una frente a la otra y con el pasar del tiempo, se ha transformado en la preferida de muchas familias venezolanas. Ellas han servido de inspiración para muchos artistas, el músico Luis Morales Bance compuso una ópera en su honor “Las Bejarano“, el literato Antonio Arráiz escribió el cuento “No son blancas las Bejarano”, entre otros.

Indudablemente, eran mujeres hermosas, lástima que sufrieran de endorracismo, cosa aún común hoy en día; de repente galopa por mi memoria el extraordinario Michael Jackson y su ahínco por maquillar el fenotipo, si él hubiese entendido que su tragedia no era el color de piel, o quien hubiese sido consciencia para que despertara las mentes confusas de las encantadoras Bejarano….

Pero claro, cómo estos aciagos personajes podrían saberlo, si ellos nunca escucharon al “cantor del pueblo” Ali Primera…

Si pulsamos sobre el play situado sobre la imágen de las hermanas Bejarano podremos ver el vídeo musical de Ali Primera, “Amor en tres tiempos”, que es el que nos sugiere Jhonny y le da nombre a este texto.

Pardos: grupo de personas cuyos arbol genealógico no era puramente caucásico. El grupo se estratificaba en subgrupos formados en base a los rasgos de los indivíduos. Los beneméritos por ejemplo, se situaban en el estrato más alto entre los pardos ya que eran prácticamente indistinguibles de los blancos de pura cepa, pero si se les conocía algún ancestro que rompiera ese linaje, eran automáticamente considerados pardos, eso sí vistos con mejores ojos. Cuanto más se alejara la apariencia de la raza blanca en menos consideración se les tenía.
Criollos: personas nacidas en América de padres españoles o de origen español.
Mantuanos: los nativos españoles y sus hijos, los criollos, se llamaban también mantuanos, ya que las mujeres de éstos eran las únicas autorizadas a llevar manto.
Fororo: harina de maíz tostado, en Canarias se conoce como gofio.
Guayabita: en España la conocemos por pimienta dulce.
Papelote: conocida en España panela es un alimento derivado del jugo de la caña de azúcar que se seca, antes de convertirse en azúcar.

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