Siddhartha

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Siddhartha escuchaba. Ahora tan sólo permanecía atento, totalmente entregado a esa sensación; completamente vacío, sólo dedicado a asimilar, se daba cuenta de que acababa de aprender a escuchar. Ya, en muchas ocasiones, había oído las voces, el río, pero hoy sonaban diferentes. Ya no podía diferenciar las alegres de las tristes, las del niño y las del hombre: todas eran una, el lamento, el anhelo y la risa del sabio, el grito de ira y el suspiro del moribundo. Todo era uno, todo permanecía estrechamente enlazado, y mil veces entremezclado. Y todo aquello unido era el río, todas las voces, los fines, los anhelos, los sufrimientos, los placeres; el río era la música de la vida. Y cuando Siddhartha escuchaba con atención al río, podía oír esa canción de mil voces; y si no escuchaba el dolor ni la risa, si no ataba su alma a una de aquellas voces y no penetraba su yo en ella ni oía todas las tonalidades, entonces percibía únicamente el total, la unidad. En aquel momento, la canción de mil voces consistía en una sola palabra: el Om, la perfección.

Extracto del libro Siddharta, Herman Hesse

Sobre el Autor y Siddhartha

Hermann Hesse fue un escritor y poeta alemán, aunque posteriormente decidió nacionalizarse como suizo. Hesse es uno de los grandes representantes de la literatura europea de la primera mitad del siglo XX.

Nació en el último cuarto del siglo XIX, concretamente en 1877 en Alemania. La cultura y tradición religiosa hindú influye decisivamente en su obra, fundamentalmente en uno de sus libros más importantes escrito en 1922, Siddhartha.

Hesse recibió el Premio Nobel de literatura en 1946, tres años después del que sería su último libro, El juego de los abalorios.

Siddhartha es un libro pequeño y precioso, casi como un cuento. Podemos leerlo y disfrutarlo como una historia novelada sin más, o extraer de ella enseñanzas y planteamientos espirituales, filosóficos y existenciales sobre el sentido de la vida, la búsqueda de la felicidad… y profundizar hasta donde queramos o podamos llegar.

Libro profundo y a la vez de lectura sencilla, sabiduría y belleza que nos invitará a parar y replantearnos aspectos de nuestra propia vida y actitud ante ella.

La metáfora del río, momento muy especial del relato aparece en mis pensamientos, a veces fugaz,  a veces sosegadamente, cuando en primaveras como esta, que estamos viviendo paseo por la ribera del rio Ebro. Observando el discurrir de sus aguas viene Siddhartha y me susurra:

-Dime, Vasudeva, ¿también a ti te inició el río en el misterio de la inexistencia del tiempo?

-Sí, Siddhartha –contestóle-. Con ello sin duda quieres significar que el río está simultáneamente por doquier: en su fuente y en su desembocadura, en la catarata, en el arroyo y en el rápido, en el mar y en la montaña; en todas partes al mismo tiempo y que no hay en él la menor partícula de pasado o la más breve idea de tiempo venidero, sino solamente el presente.

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