Seda

CEnlace al audio

“…Se descorrió un panel de papel de arroz y Hervé Joncour entró. Hara Kei estaba sentado con las piernas cruzadas en el suelo, en la esquina más alejada de la habitación. Vestía una túnica oscura, no llevaba joyas. El único signo visible de su poder era una mujer tendida junto a él, inmóvil, con la cabeza apoyada en su regazo, los ojos cerrados, los brazos escondidos bajo el amplio vestido rojo que se extendía a su alrededor, como una llama, sobre la estera color ceniza. Él le pasaba lentamente una mano por los cabellos, parecía acariciar el pelaje de un animal precioso y adormecido.

Hervé Joncour atravesó la habitación, esperó una señal del anfitrión, y se sentó frente a él. Permanecieron en silencio, mirándose a los ojos. Entró un sirviente, imperceptible, y dejó frente ellos dos tazas de té. Después desapareció en la nada. Entonces Hara Kei empezó a hablar, en su lengua, con una voz cantarina que se diluía en una especie de falsete fastidiosamente artificioso. Hervé Joncour escuchaba. Mantenía sus ojos fijos en los de Hara Kei y solo por un instante, casi sin darse cuenta, los bajó hasta el rostro de la mujer. Era el rostro de una muchacha joven.

Volvió a levantarlos.

Hara Kei se detuvo, levantó una de las tazas de té, la llevó a los labios, dejó pasar unos instantes y dijo.

– Intentad explicarme quién sois….”

Alessandro Baricco, escritor italiano, licenciado en filosofía. Seda, escrita en 1996 y publicada por la editorial Anagrama, se convirtió en un fenómeno literario mundial, solo en España lleva más de 40 ediciones.
El estilo de Baricco es personal, sus novelas se mueven entre ambientes reales con un punto de fantasía, oníricos.
Seda es un libro pequeño, corto pero inmenso, pues nos muestra lo universal del alma humana, lo que todos tenemos en común. A pesar de estar ambientada entre la Francia y el Japón de 1860 podemos identificarnos con los sentires de los personajes. Los anhelos, la nostalgia, la melancolía, el amor se sienten con la misma intensidad en todas las épocas.
Libro poético y de gran belleza. Yo lo devoré en un viaje en autobús y cuando lo terminé seguí disfrutando de su esencia, del regusto que te deja un cuento bonito mientras miraba paisajes por la ventana.

Compartir en

Deja una respuesta