a veces apuro todo lo que puedo para escribir mi colaboración espacial y especial en esta, tu Garzeta. es como si esperara algo grande para de alguna manera contarlo. supongo que así pienso menos.
pero pasa que a veces, no pasa nada. y hay poco extraordinario que pensar. aunque se puede exagerar, o se puede mentir.
estoy escuchando a Charlotte de Witte, una especie de sesión tecno. vi que pinchaba en Génova, con la ciudad a rebosar, y me convenció. y ahora que caigo, está bien cambiar de músicas cuando escribes. por ver qué pasa.
a Charlotte la lleva a pinchar la alcaldesa Silvia Salis, que es una moderna de izquierdas. es la política del momento. fue lanzadora de martillo (campeona nacional) y además no era política, por eso lo está petando.
es que estaba tomando cerca de la Aljaferia el otro día una cervecita y salieron, en manada, los políticos. hija mía¡¡¡ pero qué bellezas, qué portes, qué trajes.
hay últimamente dos cosas que miro y estudio. a los alcaldes. y a las parejas.
a los alcaldes. empezó todo con el alcalde de Nueva Yol. de repente un hombre que no tenía nada que ver con Donald iba a ser el alcalde de la ciudad más moderna. hablaba de hacer tiendas, y sitios para los oprimidos. me parece que es musulmán. y ahí que apareció su pareja posando de una forma divertida. entonces dije. no puede fallar. un alcalde joven, cerca de los oprimidos y con una pareja alegre, escritora.
como mi compañero conocía a alguna diputada, nos tuvimos que ir a dar la vuelta, para no saludar. (vuelvo a hablar de la salida de la sede del gobierno) y de repente estaba pensando yo, que perfectamente, si grabara algún prestigioso director de cine: SALIDA DE LOS POLÍTICOS A LAS OCHO Y MEDIA DE LA TARDE DEL PALACIO DE LA ALJAFERÍA, no sé yo, no sé yo, si no modificaríamos el voto.
hablo de todo esto, por la importancia de las pintas.
y habla un tipo, yo, que suele tener malas pintas. pero la reflexión es para decirles a ustedes que lo de las pintas es, muy relativo.
como quiera que llevaba yo, aquella tarde, una cazadora florida, entramos a un local burgués, mi amigo yo, y unos ¿señores? dijeron aquello de SON GAYS, eso sí, con cierto cuidado.
los señores llevaban un aspecto atildado, peripuesto, y la actitud esa de vivir en zona céntrica. eran divertidos. me quedé con las ganas de decir, yo sí que soy gay, ya me ves las pintas, pero mi amigo tiene familia numerosa.