El Rapto de la Saeta Rubia

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        Conocí a Paúl del Río, una noche lluviosa de un entusiasmado sábado de 1989, no recuerdo el mes, pero como olvidar, aquellos hechos que me dirigían alborozado hacia el Ateneo de Caracas para disfrutar el concierto del trovador argentino León Gieco, que, por primera vez, visitaba el país. Presuroso y obligado, entré en el Texas, por un par de cervezas y a esperar que amainara la garúa*, en esta taberna de culto, venida a menos con el pasar del tiempo, pero aun frecuentada por una fauna de bohemios solitarios, actores nostálgicos y olvidados, desconocidos pintores naif, que imitaban las técnicas, las ideas y los motivos del “pintor del Ávila” Manuel Cabré, músicos talentosos excluidos, que no eran de la rosca, ni de la anuencia de las disqueras locales Sonográfica y Sonorodven, obligados por las circunstancias y la necesidad de llevar el pan a la mesa, a circular por los locales nocturnos del este de Caracas en búsqueda de una oportunidad para matar tigres**, guerrilleros urbanos trasmutados en revolucionarios de bares. Los viernes en la tarde, la taberna, era el lugar de encuentro de la comunidad sorda de la ciudad, mientras que, cada sábado desde tempranas horas hasta el mediodía y a puerta cerrada, solo había cabida para la cofradía del templo masón. Eso sí, el resto de las tardes, se disfrazaba de peña deportiva, pero al caer la noche, se quitaban la máscara, emergía la gruta sórdida y los excesos… En retrospectiva, era un fascinante zoológico humano, todo un mosaico de personajes pintorescos convergían en este estrambótico local, solo para locos como diría Herman Hesse.

        Esa noche en cuestión, distinguí a Luis Aponte, un amigo de tragos, era un filósofo apasionado, egresado*** de la Universidad Central de Venezuela pero barbero de profesión, en pleno barullo, compartía una tertulia aparentemente plácida con el personaje central de esta crónica, Luis, también avizoró mi presencia, me hizo un gesto con la mano a modo de saludo, el cual respondí afablemente, acto seguido, me presentó a su interlocutor, este hombre me miró de soslayo, y su saludo fue por demás frío e impersonal, solo fue una formalidad, luego, me alejé del lugar y solo años después supe quien era aquel personaje y porque en el Texas lo trataban con tanta empatía, era Máximo Canales, el célebre guerrillero de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional..

        Paúl había nacido en La Habana en 1943, proveniente de una familia de inmigrantes españoles que llegaban al Caribe, huyendo de la represión franquista contra aquellos que defendían la República, en 1946, los Del Río, pisan tierra venezolana, y se instalan en la ciudad de Caracas, su familia adquiere como propiedad, la pastelería Nancy, adyacente a la taberna y al templo Masón, de allí, su relación con la familia Castro, también de origen gallego y propietarios del Texas y por supuesto, su amistad con muchos de sus asiduos visitantes.

        Lo cierto del caso es, que desde joven sintió la necesidad de participar en los acontecimientos políticos de la década de los 60. En este contexto surge, la figura de Paúl del Río o, mejor dicho, Máximo Canales, su pseudónimo de guerra.

        Resulta pertinente resaltar que previo al secuestro de Di Stéfano, en julio de 1963 llegaba al país el célebre y virtuoso Maestro ruso Igor Fiodorovich Stravinsky, músico y director de afamadas orquestas a nivel mundial, el cual se presentó en el Aula Magna de la UCV, el ilustre artista fue el primer objetivo militar de los rebeldes, Lo tenían a tiro para secuestrarlo, sin embargo, en pleno auditorio, delante de un gentío, Máximo que lo tuvo como a un metro de distancia al verlo tan viejito, con un bastón, caminando agarrándose del brazo de una señora, decidió como líder del grupo, abortar la operación, pero pagaría los platos rotos la “saeta rubia”.      

        La guerrilla venezolana, le hizo una gambeta****, al habilidoso crack madridista, secuestrándolo, un 24 de agosto a las 6am, del hotel Potomac, de la urbanización San Bernardino. Esos tres días que duró el secuestro fueron un escándalo del carajo en la Península Ibérica, mientras, en el apartamento a donde lo llevan, en la urbanización la Campiña, Di Stéfano, aparentemente juicioso y sereno compartía con los secuestradores, le ponían los caballos para apostar, escuchó por la radio el partido Oporto vs Real Madrid en el Stadium Olímpico de Caracas, jugaba a las cartas, dominó y ajedrez, le dieron de comer emparedados y perros calientes, inclusive, Del Río, le reiteraba al astro que no le iba pasar nada, que sólo querían atraer la atención internacional. Al cumplirse el lapso de tiempo acordado, lo metieron en un vehículo y lo dejaron cerca de la embajada de España. Tras el secuestro, el mítico Santiago Bernabéu, el presidente del Real Madrid, le sugirió que jugara el siguiente partido, que era contra el Sao Paulo. El 28 de agosto, la Saeta saltó al césped en medio de una gran ovación. A la postre, Sao Paulo quedó campeón y el Real Madrid abandonó Venezuela.

        En el aeropuerto de Madrid, a Di Stéfano no solo lo esperaba con anhelo su esposa Sara y sus hijos, sino una multitud de aficionados. Años después, Paúl del Río, le regaló a Di Stéfano unos cuadros de su autoría, que el futbolista conservó. Vale la pena mencionar, que hubo un reencuentro entre ambos, en el 2005, en la capital española, cuando la directiva del club merengue presentaron el film “Real, la película”, invitaron para la ocasión al ex guerrillero venezolano existiendo diversas versiones sobre lo que ambos charlaron al volverse ver. Paúl del Río, el hombre que secuestró a la Saeta, se suicidó el 5 de abril del 2015 en el cuartel San Carlos de Caracas, lugar, lo que antaño fuera sitio de reclusión para presos políticos, durante el gobierno de Hugo Chávez, se transformó en un espacio para el teatro y la cultura, quedando a cargo del mismo, el excombatiente y artista plástico.

        Esta historia, desde que la conocí me cautivo, pero siempre me llamó la atención que, durante el cautiverio de la Saeta rubia, mientras los jóvenes subversivos, le explicaban la razón del secuestro, esforzándose para que se sintiera seguro, ¿Cómo se atrevieron, darle de comer hot dog­­s?

¡Coño! 

Como no tuvieron el tino de invitarle un oportuno plato criollo… Unas deliciosas cachapas con queso de mano… Encantarlo a través del paladar. Estoy convencido que la gastronomía típica de un lugar, dice más de un pueblo que mil palabras.

Final del partido…

   *Garúa: llovizna, lluvia cuyas gotículas son un poco más grandes que las del chirimiri.
  **Matar tigres: expresión popular que surge de la jerga de los músicos que tocaban en directo en las salas de fiesta venezolanas. En éstas el público solicitaba a la orquesta la canción que deseaba oir, y, por difícil que fuera(de ahí la expresión de caza) debían tocar lo que se les requería. Cuentan que el "Tiger Rag", complicado estándar de jazz nacido en 1917 y popularizado entre otros por Louis Armstrong en los años 30 es posiblemente el origen de la expresión cuando les tocaba enfrentarse a los instrumentistas a estas complicadas melodías.
 ***Egresado: graduado, titulado.
****Gambeta: en el mundo del fútbol, regate.

Pulsa sobre el play de la imágen para ver un minidocumento de RNE que explica los acontecimientos.

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