A la memoria de un árbol muerto

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Un árbol murió pero otros crecieron.
El lugar que ocupaba el muerto no quedó vacío ni desamparado.
El subterráneo todavía siente el roce de sus raíces.
Las cosquillas de toda una vida centenaria.
Más arriba, en la brillante superficie lucen los jóvenes árboles cuan galanes en la noche y resplandecientes en el día.
Rememoran a aquel árbol muerto con dorados pensamientos, alumbrando así su solemne pérdida.
El camino está abierto.
Las ramas se entrelazan en un abrazo eterno compungido y dichoso a la vez en memoria del árbol desaparecido.
El bosque está en calma, llora en silencio y disfruta en paz.
Una quietud habita en el bosque, serena y lánguida.
El árbol muerto deja paso a un nuevo sendero, luminoso y sombrío, vivo y palpitante…
Más allá impera una luz que tiene la última palabra, la última sombra, la última voluntad.

A la memoria de un árbol muerto.

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