Antes de que existieran las aplicaciones del móvil, los radares, los satélites y los hombres del tiempo, nuestros antepasados miraban al cielo para intentar saber si al día siguiente tocaba sacar el paraguas o se podía salir a la calle en mangas de camisa.
Generación tras generación, se dedicaron a observar patrones repetidos y aprendieron a predecir el tiempo. Ese conocimiento popular ha llegado hasta nuestros días en forma de dichos y refranes que todos recordamos. No siempre son veraces, es verdad, pero llevamos toda la vida repitiéndolos.
Podríamos repasar todo el calendario y seguro que llegaríamos a encontrar al menos un refrán para cada mes del año. Hay algunos archiconocidos como “En abril, aguas mil”, “Marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso”, “Año de nieves, año de bienes", "En febrero busca la sombra el perro" o el mítico "Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo". Estos están muy extendidos por toda la geografía española y todos los hemos escuchado o dicho alguna vez.
A mí me gustan todos, pero tengo mucho cariño a algunos que se oyen por mi zona, por el pirineo. Muchos de ellos tienen que ver con la nieve. Hay dos que decía siempre mi madre y que a mí me encantan. Uno lo decía cuando en invierno granizaba: "Antes le falta la madre al hijo que la nieve al granizo”, porque después de granizar en invierno, es muy probable que luego caiga una nevadeta. Pero si esa nevada es en marzo, decía "Más dura una mala vecina que la nieve marcelina", refiriéndose a que las nevadas de marzo no suelen durar en las calles, como sí lo hacen las de enero o febrero.
Referidos también a la nieve, hay tres que se pueden decir por separado, o juntarlos en uno solo: "Para Todos los Santos, la nieve por los altos", "Para San Andrés, la nieve por los pies", y "Para Santa Aguedeta, la nieve por la bragueta". De estos tres, últimamente sólo se cumple de forma regular el primero, a veces el segundo, y ya casi nunca el tercero. Porque lo cierto es que muchos de estos refranes empiezan a quedarse un poco antiguos, de cuando hacía más frío. En pocas ocasiones diríamos ahora eso de "En agosto, frío al rostro".
Pero nosotros seguimos intentando predecir lo que va a pasar recordando aquello que decía nuestra tía, nuestro abuelo o nuestro padre. Cosas como "Cuando marzo mayea, mayo marcea", "Mañanitas de niebla, tardes de paseo" o el famoso "Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo", aunque lo cierto es que los grajos, como otras aves, también pueden volar bajo por otras causas.
De la lluvia también hay unos cuantos, además de los mencionados. Uno de mis favoritos es "Cielo a corderos, agua a calderos". Curiosamente, estos suelen acertar un poco más, como el que dice que "Septiembre, o seca las fuentes o se lleva los puentes". Y yo, que llevo muchos años trabajando de cara al público, he de decir que también se suele cumplir uno que habla de sus consecuencias: "Calles mojadas, cajones enjutos", porque cuando llueve mucho, a la gente le da más pereza salir a compra, al menos en mi zona.
El que no se equivocaba nunca era el refrán de mi abuelo Vicente. Él decía que “Cuando la perdiz canta en el soto, o llueve o nieva, o hace un tiempo u otro”. Acertaba siempre. Qué sabio, Vicente.
Acierten o no, los refranes sobre el tiempo forman parte de nuestro lenguaje, de nuestro día a día, de nuestra historia. Quizá haya que ir actualizando alguno, puede ser, pero, mientras tanto seguiremos diciendo aquello de… "al mal tiempo, buena cara".